El 2010 de Sudamérica en cifras (The Economist)

THE WORLD IN 2010 THE ECONOMISTLa revista The Economist en su ultima edición hizo un  previsión sobre los sucesos que marcarán el 2010 en nuestra región y el mundo.

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 The world in figures countries.

 

Traducción América  Latina

El mundo en 2010                                                El mundo en cifras: Países
América Latina.
Principal evento: Elecciones presidenciales de Brasil en octubre
Crecimiento  en Latinoamérica: 2,4%

Argentina

Crecimiento PIB: 1,4%
PIB: $293 PPA (PPP $ 593 PPA)
Inflación: 8,3%
Población: 40,5 millones
PIB per capita: $7,230 (PPP: $14,630)

El gobierno de Cristina  Fernández de Kirchner peligra, la presidenta  puede  perder  su trabajo antes de que  su  periodo termine oficialmente en 2011. La  oposición controla el poder legislativo y  la lealtad dentro de  su propio  Partido Peronista está  cayendo. Las políticas económicas  diseñadas principalmente para asegurar  el poder de los  Kischner  se han visto  expuestas  por la  recesión global.  Aparte de las  múltiples protestas  que se  presentan también es latente el surgimiento de una nueva  crisis  económica  de  cosecha propia.

Para ver: La  gala del gaucho. El país  celebra el bicentenario de  su  independencia  el 25 de mayo.

Bolivia

Crecimiento PIB: 2,8%
PIB: $20 PPA (PPP $ 47 PPA)
Inflación: 4,4%
Población: 10,1 millones
PIB per capita: $1,940 (PPP: $ 4,710)

La división política  seguirá siendo aguda,  tanto con el presidente de izquierda, Evo Morales, como con  los candidatos de la oposición que postularon al  senado en las recientes elecciones de finales de 2009, estos  captaron  importantes  votos en  la  parte oriental del país, zona que apoya  al oficialismo.  Con Morales  confirmado en el cargo hasta 2014,   su modelo de  desarrollo estará  más  atrincherado. Las ganancias  inesperadas obtenidas  con los hidrocarburos que  financiaron los estímulos del  gobierno  gastados  en 2009  se  desvanecerán,  sometiendo la recuperación económica.

Brasil

Crecimiento PIB: 3,8%
PIB: $1,669 PPA (PPP $ 2,113 PPA)
Inflación: 4%
Población: 196.8 millones
PIB per capita: $ 8,480 (PPP: $ 10,740)

En contraste con países  vecinos como Argentina, la  austera gestión económica del gobierno de Lula  ha amortiguado a Brasil  frente lo peor  de la recesión, y el crecimiento se reanudará en  2010. Aun así el oficialismo, el Partido de los Trabajadores, no se espanta con una reelección en  octubre de 2009. De momento los  votantes  no  han simpatizado del todo con  los  candidatos – se encuentran en espera – Dilma Rousseff,   y el candidato de la oposición José Serra,  quien es el actual gobernado del estado de  Sao Paulo, este sobresaldrá  en la medida  que las dificultades económicas  persistan en el país.

Chile

Crecimiento PIB: 3,9%
PIB: $170 PPA (PPP $ 257 PPA)
Inflación: 2,3%
Población: 17.1 millones
PIB per capita: $ 9,950 (PPD: $ 15,010)

La  probable  victoria de Sebastián Piñera proveniente de La Alianza, coalición de centro derecha, en las elecciones  presidenciales  en diciembre de 2009  marcará el retorno de la derecha dos décadas después de  la dictadura militar de Augusto Pinochet, restaurado el gobierno  civil,  este triunfo significará algunos cambios en el consenso llevado hasta el momento, puesto que las políticas pro mercado han caracterizado a los años intermedios. La recesión de 2009 fue poco profunda, y el crecimiento se ha ido reanudando.

Par ver: Aparte de África. El rally Dakar  en su versión numero 32 se llevará a cabo  nuevamente  en las montañas de los Andes entre Chile  y Argentina durante el mes de marzo. El evento en  África  fue  considerado como muy peligroso.

Colombia

Crecimiento PIB: 2,4%
PIB: $250 PPA (PPP $ 418 PPA)
Inflación: 4,1%
Población: 48.9 millones
PIB per capita: $ 5,110 (PPD: $8,450)

La centro derecha probablemente retendrá el poder  en las  elecciones de mayo de 2010,  después de los dos periodos  en el cargo, Álvaro  Uribe,  puede que no sea  candidato,  debido en parte a que sus partidos perdieron las contiendas por el liderazgo del Congreso en 2009, ello retrasaría  los planes de  reformar  la constitución  y permitir una segunda reelección para el primer mandatario. Si no es Uribe su ex ministro de defensa Juan Manuel Santos, figura como favorito, en ese sentido Santos  continuaría el sendero  demarcado por  el señor Uribe, reforzamiento de las políticas de la Seguridad Democrática  y las   reformas  pro- mercado promovidas  hasta el momento.

Ecuador

Crecimiento PIB: 2,3%
PIB: $56 PPA (PPP $ 110 PPA)
Inflación: 5%
Población: 14.2 millones
PIB per capita: $ 3,960 (PPD:$7,770)
El presidente Rafael Correa  está en deuda  con los  partidos pequeños de la  extrema  izquierda  los cuales se sumaron a la coalición del oficialismo  después de  que  el propio partido de Correa, Alianza País,  perdió el control mayoritario en el congreso; esto asegurará que  el  populismo radical   que  han dirigido sus  políticas gubernamentales continúe.

Paraguay 

Crecimiento PIB: 2,5%
PIB: $14 PPA (PPP $ 29 PPA)
Inflación: 5,1%
Población: 6.5 millones
PIB per capita: $2,140 (PPP: $4,510)

Después  de  un inicio  difícil  el gobierno del  presidente  y ex sacerdote, Fernando Lugo, recibirá una inyección de  ingresos  cuando comiencen a fluir  las tasas para  Brasil por el uso de energía generada en el lado paraguayo de la propiedad conjunta Complejo Hidroeléctrico Iaipú. El flujo de caja  restaurará  el presupuesto de excedentes, y ayudará  a aumentar el crecimiento económico. El capital político de la oferta Itapú fortalecerá al presidente Lugo en el poder.

Perú

Crecimiento PIB: 3%
PIB: $134 PPA (PPP $ 257 PPA)
Inflación: 2,3%
Población: 29.8 millones
PIB per capita: $ 4,520 (PPP:$ 8,610)

Las tensiones  entre los indígenas que residen  en las montañas  y  la elite de la  costa están volviendo a la palestra  y presentan un reto para la administración de Alan García, en la medida  que las elecciones  de 2011  se avecinan. Treinta personas  murieron  en  enfrentamientos armados en 2009,  y García ha marcado una línea más dura todavía, previendo que  puede  estar  por  venir una oleada de violencia. Por el contrario la economía se mantendrá  sin problemas.

Uruguay

Crecimiento PIB: 2%
PIB: $34 PPA (PPP $ 45 PPA)
Inflación: 7,1%
Población: 3.3 millones
PIB per capita: $ 10,220 (PPP: $13,330)

Un nuevo año, un nuevo gobierno,  pero probablemente del mismo partido que actualmente se encuentra en el poder — José Mújica del Frente Amplio ha sido el  favorito desde antes de las  elecciones de 2009. Sí él gana, relevara al presidente  Tabare Vázquez, en marzo, es casi seguro  que estará a la  cabeza un gobierno  de minoría. Con la economía  recuperándose  las políticas harán énfasis en el reequilibrio fiscal.

Venezuela

Crecimiento PIB: -3,4%
PIB: $333 PPA (PPP $ 334 PPA)
Inflación: 31,4%
Población: 28.6 millones
PIB per capita: $ 11,660 (PPP: $11,990)

Contrario a la tendencia  mundial de recuperación económica, Venezuela permanece  en  una profunda recesión. Con tan pocos  ingresos, no puede haber muchos estímulos por parte del gobierno hacia la ciudadanía. El gobierno ha optado por la  centralización del poder; se  tiene  previsto que  las divisiones sociales  se profundizarán, así  mismo puede  que concurran  nuevos brotes  de  protestas  violentas. Pero la revolución de  Hugo Chávez continúa,  y con una  oposición dividida  y acosada esta se  encuentra incapacitada para explotar la oportunidad  que se les  presenta en diciembre  con las  elecciones legislativas.

La segunda derrota parlamentaria de K

(Rosendo Fraga de La Nación de Argentina).- Néstor Kirchner hace 22 años que viene ejerciendo el poder en forma continua.

Primero fue cuatro años intendente de Río Gallegos (1987-1991), después tres períodos gobernador de Santa Cruz (1991-2003), seguidamente un período presidente de la Nación (2003-2007) y los últimos dos años ha ejercido el cargo de hecho a través de la presidencia de su esposa, Cristina Kirchner.

Su primera derrota frente a un cuerpo legislativa en más de dos décadas, fue la registrada el 17 de julio de 2008, cuando el Senado con el desempate del vicepresidente Julio Cobos, votó contra la resolución 125. La segunda (la primera en Diputados) la vivió ayer, al decidirse la integración de las autoridades y comisiones de la Cámara baja.

Entre ambas, tuvo lugar la primera derrota electoral de Kirchner en más de dos décadas, el pasado 28 de junio.

Ayer sucedió lo lógico: la oposición con amplia mayoría en Diputados, de acuerdo con el resultado de las últimas elecciones, tuvo el voto de 144 de los 257 legisladores, para imponer su posición. Pero este hecho normal, pareció excepcional, no sólo por los precedentes mencionados, sino por la forma con la cual el ex presidente hizo uso del poder después de la reciente derrota electoral.

La oposición pudo haber impuesto su número sin más miramientos, como lo había hecho el oficialismo hasta el mismo día anterior, cuando en el Senado dio sanción definitiva a la reforma política en un trámite extremadamente rápido, con una amplia mayoría de 44 a 24.

Pero supo guardar las formas. Dejó que le oficialismo retuviera la presidencia de la Cámara y la vicepresidencia segunda. De esta manera se alejó cualquier interpretación de que quisiera manejar la sucesión presidencial -el titular de la Cámara baja le sigue en orden al presidente provisional del senado- como desde algunos sectores del oficialismo se insinuó.

Si bien la oposición tiene ahora mayoría en todas las comisiones, en el 40% de ellas dejó la presidencia para el oficialismo, incluyendo algunas de las más importantes, como Presupuesto y Hacienda, y Juicio Político. Además, disminuyó a sólo un diputado su mayoría en ellas.

El inico de un proceso. Pero este cambio, inicia un proceso y en modo alguno lo culmina. La primera cuestión, será si la mayoría de 144 diputados alcanzada para definir la distribución del poder en la cámara se mantiene para votar proyectos.

Una vez superada esta cuestión, queda el Senado, donde el oficialismo y sus aliados, quedan a solo dos bancas de la mayoría, con lo cual articularla mediante negociaciones, algo que resulta mucho más fácil que en Diputados.

Por último, queda para el Ejecutivo el recurso del veto presidencial, Para anularlo la oposición tendría que alcanzar dos tercios, de modo que la ley vetada quede vigente.

De ahora en más, el desafío inmediato de la oposición (además de intentar mantener abierta la prórroga de las sesiones ordinarias dispuesta por el Ejecutivo para permitir al sanción definitiva de la reforma política) es presentar y desarrollar una agenda parlamentaria común.

Para ello debería partir de revertir todas aquellas leyes frente a las cuales votó en contra en forma unida y fue derrotada.

En su primera actuación como diputado nacional, Kirchner mostró su falta de flexibilidad para negociar, acordar y compartir el poder, llevando a su propio bloque -hoy reducido a un tercio de la cámara- a una fuerte tensión interna.

Es una experiencia política nueva para él y la cuestión es que la historia muestra que los líderes políticos si bien cambian de ideología de acuerdo con intereses, conveniencias y circunstancias, no cambian de personalidad.

 

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

Un puñado de ex guerrilleros, en el poder en América latina

(Pablo Stefanoni de Clarín de la Argentina).- José “Pepe” Mujica se presentaba hace unos años como “un viejo que tiene unos cuantos años de cárcel y tiros en el lomo, un tipo que se ha equivocado mucho, como su generación, medio terco, porfiado, y que trata, hasta donde puede, de ser coherente con lo que piensa”. Y son muchos los militantes de generación de los 60 y 70 que comparten ser hoy más viejos, haber vivido la cárcel y la tortura y, sobre todo, haberse equivocado mucho. Pero como dice Emir Sader, sociólogo y veterano militante de la izquierda brasileña, a Clarín, “es como si hubiéramos conquistado una nueva oportunidad de realizar los viejos sueños. Después de reveses, sacrificios, pérdidas, no hay cómo no poner en eso una gran carga emocional”.

Obviamente, el mundo, y esta generación que buscó tomar el cielo por asalto -con las armas en la mano- no son los mismos de entonces. Muchos simplemente cambiaron de métodos para conseguir los mismos sueños, otros cambiaron la utopía por el cinismo. Pero muchos llegaron al poder.

Varios de esos ex guerrilleros forman hoy parte de la cúpula de varios gobiernos latinoamericanos. A Mujica esa segunda oportunidad lo acaba de llevar a la presidencia de Uruguay a los 74 años. Alí Rodríguez -alias “Comandante Fausto”- es hoy ministro de Economía de Venezuela, después de presidir la superpoderosa petrolera estatal PDVSA. Dilma Roussef -que competirá con José Serra para suceder a Lula- militó en Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, uno de los principales grupos guerrilleros brasileños y sucedió en el cargo de Jefa de Gabinete a otro ex militante armado: José Dirceu. Daniel Ortega regresó al poder en Nicaragua, aliado a los ex contras -la guerrilla antisandinista apoyada por Ronald Reagan- y a la cúpula de la Iglesia católica. En el vecino El Salvador, Mauricio Funes -sin pasado armado- llegó a la presidencia de la mano del ex grupo guerrillero Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Y en Argentina, vinculados a Montoneros como Nilda Garré -al mando de las FF.AA.- o Carlos Kunkel (que terminó amigo de Aldo Rico) llegaron al poder.

Un caso más atípico es el del actual vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, quien participó junto al aymara Felipe Quispe en una extemporánea guerrilla indígena en los 90 -el Ejército Guerrillero Tupak Katari-, estuvo cinco años en la cárcel y, al salir, su nuevo rol de analista y sociólogo mediático lo llevó en menos de una década al segundo lugar de mando. Todos ellos son parte de ese grupo con suerte a quienes la vida apretó pero no fulminó, como dice Mujica, y tuvieron esa ansiada segunda oportunidad. Y si hace unos años, el pasado guerrillero era algo para ocultar, hoy puede ser un no despreciable capital político a reivindicar, obviamente como “pecados” de juventud, “acordes al momento histórico”. Las controversias sobre la lucha armada quedaron relegadas a pequeños espacios intelectuales. Ya el socialismo está en la agenda de pocos, y nadie pone en duda a la democracia como vía de acceso al poder. Al fin de cuentas, no son muchos quienes siguen asustando a los “buenos burgueses” al decir del recién electo presidente uruguayo.

“Hoy se trata de superar al neoliberalismo. Conforme la profundidad con que lo superemos, estaremos también avanzando en la superación del capitalismo”, dice Sader, quien no oculta su apoyo a Roussef.

Pero entre los ex guerrilleros notorios no todos son oficialistas en el “giro a la izquierda”. Teodoro Petkoff (77 años) ex guerrillero comunista en los 60, en el Comando de Douglas Bravo, es una figura de la oposición dura a Hugo Chávez, al igual que el ex líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Domingo Alberto Rangel.

Otro ex combatiente, Pompeyo Márquez, es acusado en blogs chavistas de recibir plata de la CIA. En Perú, el ex primer ministro de Alan García, Yehude Simon, estuvo preso acusado de vínculos con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

Pero es Nicaragua donde más ex guerrilleros se oponen a un gobierno supuestamente de izquierda: la mayoría de la vieja guardia sandinista -como Dora María Téllez, el ex vicepresidente Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal y Gioconda Belli- son furibundos “antidanielistas” y dicen que Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo conduce al país hacia una dictadura familiar… como la de Anastasio Somoza.

El vínculo entre los líderes populistas y la corrupción

(Andrés Oppenheimer).- Un nuevo ranking de los países percibidos como los más corruptos del mundo confirma lo que muchos de nosotros sospechábamos: los líderes populistas que llegan al poder con la promesa de erradicar la corrupción a menudo terminan liderando gobiernos aún más podridos que los anteriores.

El Ranking de Percepción de Corrupción 2009 dado a conocer por Transparencia Internacional, un grupo no gubernamental con sede en Alemania que es considerado el más importante de su tipo, clasifica mediante más de media docena de encuestas los niveles de corrupción en 180 países del mundo.

A nivel mundial, los que aparecen como menos corruptos son Nueva Zelanda y Dinamarca, y los que son considerados los más corruptos son Somalia y Afganistán.

En América latina, excluyendo a los países del Caribe, los campeones regionales de la corrupción son Venezuela, Paraguay, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Bolivia y la Argentina, según el estudio.

Casi todos los líderes de estos países basaron sus campañas presidenciales en la promesa de acabar con la corrupción. En Venezuela, donde Hugo Chávez ganó las elecciones de 1998 con la promesa de terminar con lo que acertadamente describía como una clase política corrupta, la corrupción no ha hecho más que empeorar desde que asumió.

Cuando Transparencia empezó a hacer su Ranking de Corrupción en 2001, Venezuela ocupaba el puesto número 69 en una lista de 91 países que iba de los menos a los más corruptos, o sea que se encontraba en el percentil 25 de las naciones más corruptas del mundo. En 2009, Venezuela ocupa el puesto 162 en la lista de 180 países, es decir que está en el percentil 10, mucho más cerca de Afganistán y Somalia.

¿Hay alguna relación entre populismo y corrupción?, le pregunté a Alejandro Salas, el director del departamento de las Américas de Transparencia. En un diálogo telefónico desde Berlín, Salas revisó conmigo el ranking, y notamos que virtualmente todos los países latinoamericanos considerados como los más corruptos están gobernados (o estuvieron gobernados hasta hace poco) por líderes populistas.

“Así es´´, dijo Salas. “Hay una relación directa entre populismo y debilidad institucional. Y la debilidad institucional conduce a la corrupción´´. Salas dijo que divide a los países latinoamericanos en tres grupos.

“El primer grupo es el de los que mejor califican, que son Chile, Uruguay, Puerto Rico y Costa Rica´´, dijo. “Son los que son vistos como los menos corruptos, y que tienden a tener estabilidad, elecciones libres y periódicas, y en la mayoría de los casos sistemas judiciales independientes, organismos de control eficaces, y sistemas de pesos y contrapesos establecidos.”

“El segundo bloque es el de países que están en el medio, donde encontramos a Brasil, México, Colombia y Perú´´, continuó. “Son países con tendencias contradictorias: tienen algunas instituciones modernas, pero también cargan con muchas herencias del pasado que llevan a la corrupción.”

“Y luego está el tercer bloque, de los que están en la parte inferior de la tabla, que son los países que en los últimos años han sufrido una especie de “captura del Estado” “por parte de líderes carismáticos”, señaló. Agregó que en países como Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Honduras, eso significa que a menudo “las decisiones políticas no pasan por ningún mecanismo de control. Entonces, no se audita, no se vigila”.

La situación en EE.UU.

¿Y qué ocurre en Estados Unidos?, le pregunté a Salas, al señalar que Estados Unidos aparece en el ranking como el segundo país entre los menos corruptos de las Américas, después de Canadá. ¿No debería haber figurado en un puesto mucho menos honorable, considerando el reciente caso de Bernard Madoff y varios otros escándalos financieros?

Salas dijo que la ubicación de Estados Unidos en el ranking puede deberse al hecho de que las preguntas estaban referidas a la corrupción gubernamental, no a la privada. Además, es posible que los encuestados sintieran que el gobierno estadounidense ha respondido con celeridad y firmeza, agregó.

Mi opinión: no me sorprendería que en los próximos años, a medida que salgan a la luz más detalles sobre la escandalosa falta de supervisión financiera durante el gobierno de George W. Bush, Estados Unidos baje algunos puestos en el ranking de corrupción. Debería ocurrir eso.

Pero no me sorprende que Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, estén entre los países más corruptos del mundo. Se trata de naciones cuyos gobernantes han intentado adueñarse de todas las instituciones del Estado, y que ahora están tratando de acallar a los medios. Cuanto más consigan controlar todos los mecanismos de control, tanto mayor será la corrupción en sus países.

Hacia una visa común para América latina

(Andrés Oppenheimer).- Mientras los 27 países de la Unión Europea acaban de aprobar la creación de un servicio exterior común con embajadas en todo el mundo, la mayoría de los países latinoamericanos no pueden ponerse de acuerdo en ofrecer una visa común para los turistas de otras partes del mundo a tiempo para el campeonato mundial de fútbol de 2014 en Brasil. ¡Qué ironía!

Cuando leí la noticia sobre la inminente creación del servicio exterior común de la UE, no pude evitar comparar lo que ocurre en Europa con lo que pasa en América latina. En el Viejo Continente, durante una reunión en Luxemburgo la semana pasada, la UE acordó los primeros pasos para la constitución de un Servicio Exterior Europeo, que sería el cuerpo diplomático más grande del mundo. El servicio tendría 5000 diplomáticos y funcionarios y un presupuesto de 75.000 millones de dólares para sus primeros tres años.

La UE ya permite en su territorio la libre circulación para sus ciudadanos y turistas extranjeros, tiene una moneda común y está a punto de designar al primer presidente europeo. En nuestra región, hay países que ni siquiera mantienen relaciones diplomáticas con sus vecinos o están tan peleados que no tienen relaciones comerciales.

Ecuador rompió relaciones con Colombia en 2008 tras la incursión colombiana contra un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano. Chile y Bolivia sólo mantienen relaciones consulares desde 1978. Perú retiró recientemente a su embajador en Bolivia por comentarios insultantes de Evo Morales y llevó a la Corte Internacional de La Haya una disputa territorial con Chile.

La Argentina y Uruguay prácticamente no se hablan por el conflicto en torno a una planta papelera en Uruguay. Venezuela retira periódicamente a sus embajadores de Colombia, Perú y otros países.

Lamentablemente, estos y otros conflictos derivan en un alarmante aumento del gasto militar y en un freno al comercio regional.

El gasto militar en la región ha aumentado un asombroso 91% en los últimos cuatro años, hasta alcanzar el año pasado los 47.200 millones de dólares, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres.

Los países latinoamericanos también pagan un alto precio comercial debido a su mutua desconfianza. Durante una visita reciente a Perú, un ministro me decía que ese país está a punto de empezar a exportar gas natural a México. Su vecino, Chile está por importar gas natural de Indonesia. La disputa fronteriza entre ambos países ha dificultado la exportación de gas entre ellos.

En América Central, cinco países tienen monedas y reglas comerciales diferentes. Lo que es más absurdo aún, muchos países latinoamericanos ni siquiera tienen acuerdos que permitan que turistas de otras partes del mundo puedan visitar la región con una visa única.

La Organización Mundial de Turismo estima que para 2020 habrá 100 millones de turistas chinos por año. Pero muchos expertos en turismo coinciden en que América latina, probablemente, se pierda la avalancha de turistas chinos debido al problema de las visas: muchos chinos que barajen la posibilidad de viajar a la región querrán visitar más de un país y, tal vez, sean desalentados por el costo de obtener varias visas diferentes.

Mi opinión: En vez de firmar declaraciones grandilocuentes proclamando la definitiva integración latinoamericana, los líderes latinoamericanos deberían seguir los pasos de Europa.

La UE se inició con acuerdos concretos de intercambios comerciales de carbón y de acero, que luego fueron ampliados para incluir cada vez más productos. Luego se acordó la libre circulación de personas, la moneda común y ahora se crean un servicio exterior y una presidencia común. Los países latinoamericanos, con su potencial turístico, deberían emitir una visa común antes del Mundial de 2014, como preludio necesario para atraer millones de turistas asiáticos más adelante. Eso serviría más para crear empleos y reducir la pobreza que miles de discursos.

(Publicado en La Nación de la Argentina)

360 grados

(Vicente Torrijos).- Últimamente, el presidente boliviano, Evo Morales, está sumamente alarmado.  Se puso a analizar el panorama político latinoamericano y llegó a conclusiones que lo atormentan y deprimen no sólo a él, sino a todos sus colegas de la Alianza.

 Tras varios años en el poder, que seguramente se duplicarán en diciembre porque los votos que obtendrá en la mitad del país bajo su control le mantendrán en el poder a pesar de la fractura geo-política en que vive el Estado, Evo ha podido constatar que va a quedarse íngrimo y más desvalido que nunca en el vecindario.

 “¿Qué pasaría”, comentaba, visiblemente sofocado, “si los pinochetistas ganan las elecciones de fin de año en Chile?”

 Y agregaba: “¿Qué pasaría si la derecha fascista y racista vuelve al poder en Argentina ?”

 Maestro en entremeterse en asuntos ajenos, el exultante presidente de (media) Bolivia no acierta a comprender que América Latina está dándole una vuelta completa a la tuerca democrática y que, día tras día, irá asfixiando cada vez más a la revolución bolivariana.

 Aunque se vio obligado a pedir disculpas por esos insultantes términos utilizados al referirse a las fuerzas políticas argentinas y chilenas que van a llegar al poder, lo cierto es que Evo hizo visibles los grandes temores que, tras la liberación de Honduras,  asaltan por igual a Hugo, Daniel y Rafael.

 “Somos vecinos de estos países”, acotaba, “y eso me preocupa bastante porque significa que el imperio nos está rodeando”.

 Será el imperio de la democracia, en cualquier caso, porque en su recortada reflexión política, Morales olvidaba que el mismo fenómeno de Chile y Argentina se va a dar en Brasil, Perú y Colombia, con lo cual, sus temores, en vez de disiparse, irán multiplicándose hasta que la paranoia lo devore.

 En otras palabras, el proyecto alternativo que con tanto esfuerzo estaba construyendo la Alianza Bolivariana y el Partido de los Trabajadores, está quedándose sin aire, atrapado por el populismo, el despilfarro, la carestía, el armamentismo y las egolatrías (ideológicas y étnicas).

 “Debemos estar preparados”, berreaba, finalmente, Morales, al descubrir que muy pronto, y de manera irremediable, se va a quedar sin el escudo matriarcal de Cristina y de Michelle, rodeado, nada menos, que por Piñera, Macri, Serra y Castañeda, a quienes no les temblará el pulso para ponerle freno y dique al aventurerismo revolucionario del ‘socialismo unificado’.

Jiu-jitsu uruguayo

(Sergio Molina M).- No debe haber otro político exitoso en la región del que se puedan contar tantas anécdotas e historias trágicas y cómicas como de José Mujica, el uruguayo triunfador en la primera vuelta electoral de su país por el Frente Amplio, un veterano militante de izquierda, encarcelado y torturado por sus ideas radicales y plenamente reconvertido a la democracia. Tampoco debe haber otro que haya intentado con más énfasis y suerte variopinta, hacer de sus debilidades fortalezas para la contienda, en un particular jiu-jitsu que es causa constante de dolor de cabeza para todos sus asesores; lo que le permitió ganar en la interna de su partido y ahora en las elecciones, pero que en algún momento hicieron temer hasta por su suerte (sobre todo por sus declaraciones explosivas, las que tuvo que enmendar haciéndose dueño de su silencio). Es cierto que no le alcanzaron los votos para imponerse con mayoría absoluta, pero difícilmente ocurrirá una sorpresa en el balotaje  del próximo 29 de noviembre.

Ahora bien, una pregunta que se ha hecho constantemente apunta a si su posible victoria significará una nueva reconfiguración de fuerzas en el actual escenario internacional, esto es, si Uruguay se transformará en otro país que adhiera al proyecto chavista, o mantendrá como su modelo al Brasil de Lula.

Las particularidades del Frente Amplio, su reconversión y la cultura cívica uruguaya convierten en improbable —sobre todo cinco años después del triunfo de Tabaré Vásquez— esa transformación. Tabaré proviene de la misma fuerza política que Mujica, asumió con su país deteriorado y apenas sobreviviente de la crisis de entonces, y hoy lo entrega como nunca, con la popularidad por los cielos. Hoy sabemos que Uruguay, gracias a él, es uno de los países que mejor ha entendido la alquimia virtuosa del estatismo y la inversión privada permitiendo, entre muchas otras cosas, que el ingreso per capita duplique el promedio regional, creciendo un tercio desde 2004. Hereda a su sucesor, eso sí, un grave conflicto con Argentina que hoy se discute hasta en La Haya, y muchos analistas pronostican que no cambiará hasta que haya nuevos gobiernos en ambos países.

Mujica representa de forma diáfana continuidad, cierto, pero también las contradicciones de la izquierda uruguaya, quizá el motivo por el cual no logró el sueño de ganar en primera vuelta; a la vez es el mejor ejemplo de lo que puede hacer una fuerza progresista si reenfoca sus viejas demandas e interpreta los nuevos desafíos que se le presentan (está vez en democracia y globalizados).

Curiosamente, también expresa el consenso y la transversalidad que han sido el secreto del éxito de la política uruguaya, y que va mucho más allá del Frente Amplio. De forma que, aún si gana la derecha, difícilmente se discontinuarían las políticas de apertura, desarrollo y educación que hoy convierten a Uruguay en un país pionero en el mundo, que entrega un computador a todos los estudiantes de colegios públicos (que representan la inmensa mayoría), lo cual sólo es posible por sus dimensiones y por la solidez de su sistema educativo. De nuevo, jiu-jitsu tecnológico convirtiendo una debilidad en fortaleza.

Mujica no es Morales, ni la institucionalidad o la participación política uruguaya pueden ser comparadas con la venezolana. Quienes buscan identificar su posible triunfo con la caída de un fruto más en la cesta chavista, están confundiendo peras con manzanas. Como escribía un periodista argentino ayer, resignado y alegre ante el éxito sostenido de su pequeño vecino: “da envidia Uruguay”.

(Publicado en La Tercera el 28 de octubre dce 2009)

Crisis en Honduras: ¿hay salida?

Con esta columna damos la bienvenida a Miguel M. Benito Lázaro como colaborador de Sudamérica XXI.

La gestión por parte de la comunidad internacional -y específicamente la Organización de Estados Americanos (OEA)- de la crisis generada en Honduras por la interrupción del orden institucional, ha devenido en un círculo vicioso que, lejos de facilitar el encuentro, está dificultando reestablecer la legalidad de un modo aceptable para todas las partes. Es imperativo actuar para evitar que el país centroamericano quede en el limbo, convertido en una anomalía, sin reconocimiento internacional y con una fractura interna que sólo puede crecer si se mantiene la presente polarización. En definitiva, se trata de evitar que se haga buena la frase que dice que “lo que  mal empieza, mal acaba”. Para impedirlo hay que mirar al futuro con responsabilidad, como ha indicado Oscar Arias.

Por Miguel M. Benito Lázaro.- 

Resumen de los hechos

Junio/2009 – El proyecto de referéndum

 La sucesión de acontecimientos que ha conducido a Honduras a ser el centro de una crisis en la que han confluido tensiones internas y rivalidades internacionales, empezó con el empeño del presidente Zelaya de forzar su posible reelección contraviniendo los pronunciamientos de las demás instituciones del Estado. Este hecho, que dado el tamaño del país Centroamericano pasó desapercibido, suponía un desafío a la legalidad vigente en Honduras y activó los mecanismos de control del Poder Ejecutivo con los que cuentan el Legislativo y el Judicial. Zelaya estaba forzando, el sistema político y el orden constitucional (en concreto el artículo 374 de la Carta Magna), sin percibir que se ponía en marcha el sistema de equilibrios, efectivo, que debe existir en cualquier sistema político democrático. La existencia de ese equilibrio de  poderes, salvaguarda del sistema político y jurídico, es una buena noticia para buscar las vías hacia la solución, puesto que demuestra que hay un grupo de personalidades e instituciones cuyo mayor interés consiste en velar, no en intereses partidarios, sino por el respeto a las normas que los hondureños libremente se han otorgado.

 La comunidad internacional, poco pudo hacer para prevenir el estallido de la crisis y, como bien se ha apuntado en el seno de la OEA, la Organización carece de mecanismos y/o mandatos claros para vigilar que los procesos políticos internos de los distintos miembros se atengan al más escrupuloso respeto de los principios y valores consignados en los ordenamientos legales internos y en la Carta Interamericana.

 28/Junio/2009 – Manuel Zelaya depuesto

 Sin duda, el segundo error grave, fue el que detonó la crisis: la expulsión del Presidente Zelaya del país, tras la irrupción en mitad de la noche de miembros de las Fuerzas Armadas en el Palacio Presidencial. Al mismo tiempo, representantes de otras ramas de los poderes públicos hondureños daban el visto bueno a instauración de un gobierno provisional encabezado por Roberto Micheletti, hasta entonces presidente del Congreso.

 Este modo de proceder, ajeno a cualquier normatividad, por parte de aquellos que argumentaron ser garantes de la legalidad vigente, les arrebató desde el principio esa supuesta condición, junto con cualquier  atisbo de legitimidad. De haber actuado de acuerdo a Derecho, el presidente Zelaya debería haber sido entregado al sistema legal hondureño, encargado de establecer los procedimientos a seguir.

 Al incumplir el deber ser, rompió el gobierno de facto su propia justificación: el respeto a la legalidad hondureña. Y al perder su única justificación, quedó sin defensa alguna ante las instancias internacionales. Este error ha sido reconocido posteriormente incluso por el propio presidente de facto Roberto Micheletti.

 La legitimidad quebrada en origen, no podía –ni debía- ser restaurada por los organismos internacionales o la comunidad internacional de naciones. En Latinoamérica, las noticias de Honduras, despertaron viejos fantasmas, que junto a presiones de los gobiernos más cercanos a Zelaya, abocaron a la OEA a la única decisión posible –adoptada quizá de manera precipitada-: no reconocer al gobierno de facto y, posteriormente, excluir a Honduras del foro interamericano. La OEA debería haber jugado más con los tiempos, dilatado sus procesos internos antes de tomar resoluciones tan categóricas como las que tomó. En cierto sentido, la precipitación de la OEA resquebrajó los mecanismos de solución política interna y enrocó a las partes en sus posiciones.

 Como he señalado, la decisión, por precipitada, ha dificultado la intervención de la misma OEA en la búsqueda de un acuerdo negociado que pusiera fin a la crisis, porque:

 Pareció justificar las actuaciones precedentes de Gabriel Zelaya, y por tanto, que la OEA se situaba del lado del presidente depuesto y validaba sus aspiraciones de mantenerse en el poder.

  1. Al ser incapaz de revertir esa percepción, la OEA se marginó a si misma como posible mediador de un acuerdo político interno e impulsor del diálogo en el seno de la sociedad hondureña.
  2. La actuación de la OEA en la crisis de Honduras está muy lastrada por las negociaciones que en San Pedro Sula sobre la futura relación de Cuba con el sistema interamericano. El respeto a la Democracia y los Derechos Humanos, soslayados en la Asamblea General para poder alcanzar un acuerdo, no podía ser esgrimida como regla de fuego que justificase la pronta y contundente reacción en el caso hondureño. Sin poder esgrimir un principio rector claro en su actuación, la OEA simplemente ha parecido deslizarse por la estela que marcaban los países del ALBA. La Organización, para amplios sectores de opinión, ha aparecido como un instrumento más de la diplomacia bolivariana. Percepción alimentada en Honduras por el gobierno de facto.

 En ese contexto, diversos países retiraron sus embajadores del país y declararon no reconocer al nuevo gobierno.

 07/Julio/2009 – Oscar Arias, mediador

 Ese fracaso de la OEA para crear puentes de entendimiento profundizó las divisiones dentro del pequeño Estado centroamericano y, dejó un único mediador con autoridad para forzar algún entendimiento entre el gobierno de facto y Zelaya: Estados Unidos. La actitud equidistante de la superpotencia, atrapada por la indefinición de la política latinoamericana de la Administración Obama, condenando el golpe y al mismo tiempo al gobierno de Zelaya,  si bien le ganó las críticas de los sectores de la derecha estadounidense y de la izquierda latinoamericana, abrió la puerta a Hillary Clinton para conducir los esfuerzos hacia algún acuerdo, puerta que quedaba cerrada para la OEA por las radicales declaraciones de los presidentes de Venezuela y Nicaragua.

 Hábilmente Clinton, sin contar con la OEA ni con su Secretario General, obligó a Micheletti y Zelaya a aceptar la mediación de Oscar Arias, figura  de prestigio internacional, aunque muy criticada y por los presidentes del ALBA. De este modo, Estados Unidos emergió como el actor más constructivo en la búsqueda de una solución pronta y pacífica de la crisis, sin exponerse directamente.

 La animadversión que los dirigentes del ALBA tienen hacia el costarricense ha supuesto una dificultad en sus labores porque aquellos, lejos de ayudar a encontrar una solución constructiva, han  persuadido a Zelaya para mantener posiciones maximalistas y han brindado una excusa perfecta al gobierno de Micheletti para presentarse como adalid de los hondureños frente a agresiones de algunos gobiernos extranjeros con pretensión de injerir en sus asuntos y que, incluso, han amenazado con el uso de la fuerza.

 26/Julio/2009 – Zelaya acampa en la frontera

Bloqueado el Acuerdo de San José, sin otras opciones en la mesa y sin gestos que alimentasen la esperanza de una pronta solución, todo parecía quedar a expensas del proceso electoral iniciado hace escasa fechas. Zelaya, dando por concluida las negociaciones decidió acampar en la frontera de Nicaragua con Honduras, haciendo visible su intención de reingresar al país, con o sin acuerdo, con o sin apoyo internacional –aunque siempre contando con el respaldo de Chávez, Ortega y otros presidentes de la región-. Al campamento de Zelaya se fueron desplazando algunos seguidores, llegando a hablar el presidente depuesto de la posibilidad de formar una milicia con ellos. Declaraciones como ésta han alimentado la fractura social hondureña y los recelos sobre la posibilidad de llegar a una solución dentro del marco de las instituciones.

 02/09/2009- OEA decide no reconocer los comicios de noviembre

 Las presiones intensas de algunos gobiernos precipitaron un error que puede resultar catastrófico de cara al futuro: la OEA -y varios de sus Estados Miembros- decidieron no reconocer el resultado de las elecciones de noviembre, de las que saldrá el nuevo presidente hondureño.

 Se quebraba la aspiración de muchos de, soslayando los obstáculos para una resolución inmediata de la crisis, contar con mecanismo futuro que reinstaurase la institucionalidad rota.

 La posición de la OEA tiene difícil justificación y como recientemente ha señalado Jorge Castañeda, no se puede alegar que de un gobierno ilegítimo no puede salir una democracia legítima, porque eso implica problemas en el reconocimiento de la Transición española o del referéndum de Pinochet como base de democracias actuales legítimas e insertadas de manera destacada en el concierto internacional de naciones. Además, aceptar esta idea supondría un escollo para una posible evolución democrática de Cuba. Otro punto a favor de apoyar las elecciones hondureñas es que eran elecciones ya previstas antes de toda la crisis. Las fechas, los contendientes, las autoridades electorales, etc. son aquellos que estaban previstos con anterioridad, lo que prueba que el gobierno de facto no ha “cocinado” estas elecciones para situar en el Palacio Presidencial a un candidato determinando.

 21/09/2009 – Zelaya en Tegucigalpa

 Tras varios días que sólo auguraban la muerte lenta de la causa zelayista, el 21 de septiembre el depuesto presidente irrumpió en Tegucigalpa y se refugió en la embajada brasileña –sin que parezca que Brasil estuviese al tanto de este plan-. La tensión creció exponencialmente y se hicieron obligados los llamados a la calma en Honduras, temiendo algún tipo de estallido civil. Este retorno de Zelaya, auspiciado por distintos patrocinadores y cómplices, sólo puede ser calificado de inmaduro, imprudente y peligroso.

 Semejantes actitudes resaltan que el objetivo de Zelaya no es la solución pacífica sino verse de nuevo en el poder. En quienes así han obrado no hay intención alguna para ceder y comprometerse con la vía negociadora. Sólo desde esta perspectiva se puede comprender su acción, que puso en riesgo la estabilidad y la paz del país. Las pretensiones que Zelaya manifestó cuando estaba acampado en la frontera nicaragüense se materializaron de la manera más insospechada. 

 28/09/2009 – Suspensión de las garantías constitucionales

 La respuesta del gobierno de facto, como siempre antes, sólo ha empeorado las cosas. Ante las manifestaciones de apoyo que dentro del país estaba logrando Zelaya desde su regreso, el presidente Micheletti decretó la suspensión de garantías constitucionales –libertades de circulación, expresión, limitación a las reuniones públicas, etc.-, además del cierre de medios de comunicación que habían apoyado la reclamación zelayista, alegando incitación a la violencia.

 Para terminar de incrementar las tensiones el gobierno de Micheletti denegó el regreso de los embajadores que habían sido retirados por sus gobiernos y a los que se había dado orden de regresar a Tegucigalpa para impulsar una salida definitiva a la crisis y evitar una espiral de violencia incontrolada. También se negó el ingreso de una delegación de la OEA.

 La suspensión de garantías de nuevo nos lleva al quebrantamiento de un orden institucional y democrático que el gobierno de facto dice proteger. Semejante inconsistencia deja sin razón de ser todas las acciones, y la existencia misma, del gobierno de Roberto Micheletti.

 Conclusiones

 Los actores de está tragicomedia han quedado retratados.

 Zelaya –jaleado por sus aliados del ALBA- ha hecho todo lo posible para, desde posiciones maximalistas y confrontacionales, anular las posibilidades que han sido presentadas en distintas propuestas de acercamiento, especialmente el Acuerdo de San José. Si Zelaya ha ofrecido la imagen de un hombre únicamente movido por su ambición, sus aliados han irrumpido en esta crisis con una retórica guerrerista y trasladando al pequeño país de Centroamérica otras pugnas que se desarrollan en el Hemisferio.

 El gobierno de facto, que diciendo defender el régimen legal vigente, ha hecho todo lo que ha podido por quebrantarlo, tampoco se ha comprometido sinceramente con el proceso negociador y simplemente ha buscado que el tiempo trajese, por la vía de los hechos consumados, un nuevo gobierno.

 La OEA, con José Miguel Insulza a la cabeza, ha sido incapaz de crear el clima de confianza para representar una mediación creíble. Carente de margen de maniobra y de alternativas, la organización  ha acabado relegada al papel de apéndice de la diplomacia del ALBA, generadora de más tensiones de las que alivia, sin facilitar el entendimiento político entre los hondureños. Además la actuación del organismo internacional ha sido inconsistente e incoherente con sus actuaciones previas y, de algún modo, con sus principios.

 El, más supuesto que efectivo, liderazgo regional de Brasil ha volado por los aires. La escasa voluntad para ser un factor relevante en la superación de la crisis por parte del gobierno de Lula da Silva así como su incapacidad para adoptar una postura clara, demuestran que Brasil ahora mismo tiene la magnitud para ser líder pero no tiene la voluntad política. Lula no parece dispuesto a asumir el coste del liderazgo, a saber: no siempre puede contentar a todos y a veces tendrá que contrariar a algunos. La repentina irrupción de Zelaya en la embajada brasileña de Tegucigalpa ha sido un nuevo balde de agua fría a los que confiaban en Brasil como factor de orden y sensatez.

 El gobierno de Barack Obama, si bien ha intentado buscar campos de acuerdo, aún no ha articulado una política clara para las Américas y ha ido dando bandazos. Además ha evitado implicarse profundamente, en primer lugar porque otros escenarios concentran sus mayores esfuerzos y, segundo, porque era evidente que asumir un rol director en este contexto dejaba al gobierno norteamericano expuesto a las críticas de los gobiernos del ALBA, dispuestos a usar cualquier pretexto o fallo para culparle de todo lo acontecido. Por otra parte, el propio ejecutivo estadounidense ha sido tibio en algunos momentos con su condena del Golpe de Estado, poco inclinado a reinstaurar en el poder a un gobierno afecto al movimiento bolivariano, lo que ha alimentado de algún modo las esperanzas del gobierno de facto de lograr sus objetivos. A pesar de sus inconsistencias, Estados Unidos ha sido el único actor capaz de sentar a negociar a las partes en una misma mesa.

 Una sucesión de acontecimientos como la anteriormente expuesta, sólo puede dejarnos temerosos, porque pareciera que la crisis de Honduras sólo puede tener un mal final.

 Apuntando soluciones para el futuro

 Todos los actores, con sus errores, han conducido al pequeño país al borde de una fractura civil gravísima, haciendo gala de una irresponsabilidad inaceptable. Quizá sea el momento de escuchar lo que los hondureños tienen que decir.

 En este panorama tan desalentador, con tanta descoordinación entre la comunidad internacional, e incluso con desinterés de algunos de sus miembros por encontrar una resolución pacífica y sostenible de cara al futuro, se pueden entrever vías para recomponer la institucionalidad en Honduras. Vías que pasan por el respeto a las instituciones, por la voluntad popular y por el futuro, encarnados en el proceso electoral que ha empezado.

 Micheletti y Arias, con sus actos, han demostrado no ser interlocutores responsables y constructivos para la resolución de la crisis de su país. Por tanto hay que buscar otros. Micheletti y Zelaya son obstáculos y como tal deben ser tratados. Quizá la búsqueda de otros actores, por el temor de verse fuera de la decisión final, les anime a reconsiderar su posición.

 Esos actores alternativos se encuentran en todas aquellas instancias comprometidas con el respeto a las leyes hondureñas que, en su día consideraron que el gobierno de Zelaya estaba incurriendo en graves faltas contra su ordenamiento legal y que ahora deben estar muy preocupados con la polarización que el gobierno de Micheletti está alimentando. Es necesario que vuelvan a implicarse en el proceso político interno y manifiesten que el deterioro de la situación política del país es el deterioro de la legitimidad del gobierno de facto. 

 Y, sobre todos, los interlocutores que pueden ayudar a encontrar una solución de cara al futuro son los actuales candidatos a la presidencia del país, pues ellos son los primeros interesados en validar el actual proceso electoral.

 Tras anunciar que el nuevo gobierno no sería reconocido, la comunidad internacional tiene un poderoso elemento para negociar, pues tiene algo que ofrecer: restañar el reconocimiento y la legitimidad malbaratados durante estos últimos meses.

 Y los aspirantes a presidente, a cambio, deben buscar tierra común para todos los hondureños, sin que ninguno se sienta excluido del proceso político en curso, y deben plantear mecanismos para aceptar alguna forma de restitución –así sea de orden estrictamente moral y/o simbólica- al presidente depuesto Zelaya –si debe seguir proceso sancionatorio interno posteriormente es asunto que sólo compete al poder judicial y en el que los candidatos, en virtud de la separación de poderes no tienen nada que declarar- y condenar al gobierno de Micheletti y a aquellos que participaron en la expulsión del presidente de manera irregular al inicio de esta crisis. Esta condena debe moverse en el plano de las declaraciones porque, de nuevo insistimos, la salida de la crisis pasa por reforzar las instituciones y la legalidad, y por ello corresponde a los tribunales de justicia los que determinen sobre el asunto particular.

 Por tanto, los candidatos, junto con todos aquellos que desde los órganos del gobierno creen en el orden institucional consagrado en la Constitución hondureña, representan la mejor esperanza para dar una salida a la crisis. Sería capital contar con estos actores como interlocutores comprometidos con un desenlace positivo de la crisis. Corresponde a la OEA iniciar los contactos con ellos y comprobar su verdadera disposición al diálogo.

 Por último, como ya dijo el Representante Permanente de Colombia en su primera sesión como Presidente del Consejo Permanente de la OEA no hay que trasladar a Honduras otras peleas que pueden convertir al pequeño país en un terrible ejemplo de la ausencia de voluntad de los gobiernos de la región para llegar a acuerdos que garanticen la paz y la estabilidad de las Américas. Los hondureños no merecen eso. Ya ha habido demasiados errores y actos malintencionados en la gestión de esta crisis. Es tiempo de evitar daños permanentes para Honduras y para América Latina.

Principio de realidad

(Sergio Molina).- Nadie duda de que en medio del borrascoso panorama regional, de la moda chillona del traje de fajina y el reequipamiento bélico o del estreno de la potencia brasileña en las grandes ligas mundiales, las señales de distensión y buena vecindad deben ser festejadas.

Por eso, aunque no sea una novedad, recordemos que hace largos tres años que Chile y Bolivia viven un intenso idilio, que continuará en diciembre próximo cuando Evo Morales arrase en las elecciones que lo tienen como único favorito y que, probablemente, ninguno de los candidatos chilenos en disputa se anime a romper sin tener que dar grandes explicaciones, sobre todo porque el tercer involucrado en esta relación de a dos —Perú—, seguirá siendo la principal preocupación internacional a este lado de la cordillera. En ese marco, el ejercicio militar que próximamente hará Chile y en el cual están invitados varios países, entre ellos Bolivia, no hace más que reafirmar todo lo dicho y nos obliga a dar parabienes a quienes lo imaginaron.

Pero en medio de tantas buenas noticias es preciso retornar al principio de realidad como ley ordenadora o, mejor, no debemos olvidar que el pan para hoy puede ser hambre para mañana, porque en un mundo hipermediatizado la política internacional también es cuestión de expectativas.

Y, en el caso de Bolivia, éstas han crecido sostenidamente y de forma desmesurada, alimentadas, cierto, por el propio Morales (quien, como todo político boliviano, cree que podrá resolver el diferendo entre ambos países, convirtiéndose en un héroe como los decimonónicos: así de importante es este asunto), y también —no seamos ingenuos— por la cancillería chilena, que aprovecha su larga experiencia en estas lides. Para ella este escenario es puro deseo: la buena vecindad ha permitido no sólo evitar la multilateralización o trilateralización del tema, sino también ha contribuido a distanciar a Bolivia de Perú (lo cual también ocurrió por razones ideológicas y personales, cierto, pero nadie se animaría a minimizar tamaña carambola).

Ahora bien, ya lo vimos con el preacuerdo por las aguas del Silala que debía ser el primer fruto de la relación: lo que ambas cancillerías anunciaron como un hecho, tuvo que ser disimulado y escondido bajo la alfombra. Fue tal el rechazo que hubo en Bolivia por el contenido del pacto, que el mismo Morales tuvo que emplearse a fondo para evitar un papelón y lograr el respaldo de sus descamisados.

Lamentablemente, las historias de amor no son democráticas y, cuando se rompen, siempre uno sufre más que el otro; además, en el largo plazo son pocas las que subsisten a puro sentimiento y, en relaciones internacionales, ninguna.

En resumen, mi tesis es que las sobreexpectativas que se están construyendo en Bolivia, no podrán ser satisfechas por razones estructurales, lo cual generará un conflicto mucho mayor en el largo plazo y, además, el retorno de Bolivia a su alianza histórica con el Perú (pero entonces no seremos los mismos ni lo que tienen que perder los tres países en materia de prestigio y poder será igual… pero todo eso es otra historia).

Llegado el momento, incluso Morales, que hoy parece invencible, presentará resquebrajaduras y una de las mayores será ésta: ¿qué político no querrá cobrarle la cuenta? Y entonces, lógico, lo que haría cualquiera, ahora y antaño, aquí o en cualquier otra parte del mundo, es aprovechar la bipolaridad de la opinión pública en beneficio propio.

(Publicada en el periódico La Tercera el 8 de octubre de 2009)

Lula vs. Micheletti

Este artículo inaugura las colaboraciones del columnista Vicente Torrijos R. con Sudamérica XXI. Torrijos es Presidente del Capítulo Colombiano de Egresados de la Universidad Nacional de la Defensa de los EEUU (CHDS-NDU) y profesor titular de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia.

Lula vs. Micheletti

(Vicente Torrijos R.) .- El asunto es vergonzosamente simple.  Tras haber fracasado dos veces en su intentona de reinstalar a Zelaya en el poder a cualquier precio, Chávez le habría pedido a sus secuaces del Frente Farabundo Martí, en El Salvador, que lo ayudaran a llegar a Tegucigalpa, donde la embajada de Lula estaría esperándolo con los brazos abiertos.

Una vez adentro, el veleidoso canciller Amorim facilitaría toda la tarea puesto que, ansioso como está por demostrar que ‘su’ Brasil es todopoderoso en el concierto hemisférico, Lula se iría a duelo contra el presidente Micheletti hasta deponerlo y restituir en el poder al camarada Mel.

Aceptado como ‘huésped oficial’ en la embajada brasilera, Zelaya comenzó a desarrollar punto por punto el libreto consistente en estimular la insurrección, llamar al levantamiento armado, montar un gobierno paralelo reconocido por tres o cuatro embajadas de poco pelambre, y arrastrar a la población, gracias al Telesur de Chávez, a lanzarse sobre el palacio presidencial y derrocar a Micheletti.

Pero sus proclamas incendiarias, que violaban flagrantemente las convenciones internacionales relativas al ‘hospedaje’, o al asilo, jamás surtieron el efecto esperado. 

Tras haber querido convertir en pocos días a Brasil en garante del equilibrio de poder en las Américas, mediador natural, y árbitro de controversias, ahora Lula da Silva se convertía en interventor descarado, imponedor del orden interno hondureño y, lo que es peor aún, en sitiador de un país soberano al que no le quedó más remedio que declarar, precisamente, el estado de sitio, o sea, el estado de excepción, para enfrentar la agresiva intervención en sus asuntos internos.

O sea que, dando una lección de refinada y contundente diplomacia, el gobierno transicional de Honduras muy pronto tomó la iniciativa para desenmascarar a da Silva.  Le conminó a definir el status de Zelaya, rompió relaciones con Brasilia, le recordó a Itamaraty que en sólo diez días perdería toda inmunidad, y obligó al recién desempacado Lineu Pupo de Paula a llamarle la atención al desaforado subversivo del Zelaya que seguía vociferando desde la embajada para que su pueblo se armara (‘pacíficamente’) contra Micheletti.

Ante la proclama de Zelaya, “Patria, Muerte o Restitución’, Micheletti impuso claramente su criterio : “Patria, Exilio o Cárcel”, obligando, incluso, al canciller Amorim, a decir desde Brasilia que no tenía nada que hacer ante el impecable manejo del gobierno hondureño pues “enviar tropas a defender la Embajada sólo era viable en el marco de una declaratoria de guerra”.

Aunque tarde, el gobierno del presidente Obama finalmente se decidió a calificar de “irresponsable” toda esta farsa diplomática motivada por las ínfulas de Lula y sus correligionarios que, a lo largo de toda esta crisis, no sólo han perdido el duelo, el pulso y el prestigio, sino algo prácticamente irrecuperable : la mismísima razón.