Venezuela-Colombia nunca llegaron a este punto

Directora de Sudamerica XXI en CNN Chile http://is.gd/dDwHJ

Los ricos de la región, menos solidarios

Andrés Oppenheimer para La Nación, Argentina  http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1279727

Martes  06.07.2010

MIAMI.- Un nuevo estudio según el cual los ricos de América latina se han hecho aún más adinerados a pesar de la crisis económica seguramente enfurecerá a varios líderes populistas. Pero lo que debería ser más preocupante del informe es que los ricos de la región planean donar menos para caridad que sus contrapartes de otros lugares del mundo.

Según el Informe sobre la Riqueza Mundial 2010 , publicado por Capgemini y Merrill Lynch, la suma de las fortunas de los ricos latinoamericanos -definidos como quienes tienen más de un millón de dólares en inversiones financieras, excluidas sus casas y colecciones de arte- creció el 15% el año pasado, apenas por debajo del promedio mundial del 19 por ciento.

Sin embargo, si medimos las fortunas de los ricos latinoamericanos desde principios de la crisis mundial de 2008, sus inversiones financieras crecieron el 8%, más que en cualquier otra región del mundo.

Según me dijeron los autores del informe, eso ocurrió porque mientras los ricos norteamericanos y europeos perdieron mucho con el derrumbe de las bolsas en 2008, los latinoamericanos se beneficiaron por tener inversiones seguras y porque sus ingresos subieron por las monedas fuertes de sus países.

“Los latinoamericanos de alto poder adquisitivo tuvieron un buen índice de crecimiento”, me dijo Ileana van der Linde, de Capgemini. “En los últimos dos años, sus fortunas en general crecieron más rápidamente que las de cualquier otra región del mundo.” No resulta sorprendente que el magnate mexicano de las telecomunicaciones, Carlos Slim, se convirtiera este año en el billonario más rico en el ránking de Fortune .

En lo que hace al número de ricos en la región, creció de 400.000 en 2007 a 500.000 el año pasado, según el informe. ¿Esto debería provocarnos indignación? Probablemente no, porque además de beneficiarse de sus inversiones más seguras y de las monedas fuertes de sus países, los ricos de la región invirtieron más que antes en sus países. El informe dice que aumentaron sus inversiones domésticas un 2% el año pasado, hasta alcanzar el 47 por ciento.

Lo que debería resultar preocupante es que los ricos de la región son menos generosos que sus colegas del mundo. Una versión anterior del mismo informe, en 2007, decía que los ricos latinoamericanos destinaban sólo el 3% de sus fortunas a la caridad, mientras que los ricos de Estados Unidos y de Asia donaban el 12% de su dinero.

Este año, el estudio anual de Capgemini-Merrill Lynch no les preguntó a los ricos cuál era el porcentaje de sus fortunas que destinaban a donaciones. En cambio, les preguntaron cuánto dinero pensaban donar a entidades filantrópicas en 2010. Una vez más, las cifras correspondientes a América latina resultaron desalentadoras.

En el mundo, el 55% de los ricos de Asia, el 41% de los de Europa, el 37% de los de Estados Unidos, el 35% de los de Medio Oriente y el 33% de América latina dijeron que planeaban donar más dinero en 2010. El promedio mundial de donaciones previstas fue del 41 por ciento.

Es cierto que los ricos latinoamericanos donan menos que sus pares del resto del mundo porque muchos de sus países no ofrecen incentivos impositivos para deducir las donaciones de sus impuestos, como ocurre en Estados Unidos. Además, muchos ricos latinoamericanos donan dinero de manera anónima, porque temen ser secuestrados.

Y también hay un factor cultural. Mientras en Estados Unidos donar es un símbolo de estatus, no ocurre lo mismo en América latina.

Mi opinión: lo importante no es que los ricos latinoamericanos se hayan hecho más ricos, porque en general tienden a crear más empleo y a contribuir más a reducir la pobreza que los líderes populistas que los atacan, y que ahuyentan las inversiones. Y aumentar los impuestos de los ricos puede ser complicado en algunos países de gran economía subterránea, en los que la base tributaria se reduce a unos pocos empresarios acaudalados.

Pero, sí, creo que los ricos de la región podrían ser más generosos. ¿Acaso alguno de ellos prometió donar, por lo menos, la mitad de su patrimonio como ya lo hicieron los estadounidenses Bill Gates y Warren Buffett?

No sé de ninguno. Es hora de empezar a pensar en maneras de incentivar a los ricos de la región a donar más y a convertir la filantropía en un símbolo de estatus entre ellos.

Artículo publicado en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1279727

Se busca a Guillermo Zuloaga

Por Alvaro Vargas Llosa, para The Independent 

 23/6/2010

Washington, DC—No sorprende la orden de detención contra Guillermo Zuloaga, accionista principal y presidente de Globovisión, último canal de televisión independiente de Venezuela. Lo que sorprende es que Hugo Chávez haya tardado tanto en hacer lo que quienes siguen la heroica resistencia de Globovisión contra el dictador esperaban desde hace mucho.

Cuando en 2007 Chávez sacó del aire a RCTV, decana de la televisión venezolana, Globovisión supo que tenía la soga al cuello. Pero, a pesar de una vertiginosa serie de tretas judiciales y actos de intimidación, el canal de Zuloaga mantuvo sus investigaciones periodísticas. Aún cuando el gobierno acusó falsamente a Zuloaga, también dueño de dos concesionarias de autos, de esconder vehículos para elevar sus precios, el presidente de Globovisión siguió luchando. Mientras tanto, otros críticos —alcaldes, gobernadores, intelectuales, empresarios— eran arrestados u obligados a abandonar el país. El último fue Oswaldo Álvarez Paz, ex gobernador del Zulia, que pasó un tiempo en la cárcel por afirmar que su país se había convertido en un imán para narcotraficantes. Pero por algún motivo Chávez estimó que no convenía el zarpazo definitivo contra Zuloaga, potente símbolo de la libertad de expresión, cuya brevísima detención en marzo pasado ya causó protestas internacionales.

… más en

http://www.elindependent.org/articulos/article.asp?id=2814

La OEA, de brazos cruzados

Por Nicolle Etchegaray

En medio de cuadros de diarrea y deshidratación, además de alguna bronquitis, terminó esta semana la 40 Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se realizó en Lima, Perú.  Fueron 45 los delegados los que, según el doctor encargado de atender las emergencias, “cayeron castigados por la atractiva comida peruana”. Según el diario El Comercio, hasta José Miguel Insulza fue afectado, al parecer por unos camarones que comió el domingo Y quién los culpa. Entre ceviches, tiraditos y ají de gallina, no hay quien se resista a una de las comidas más atractivas y sofisticadas de la región.

El tema podría ser simplemente la anécdota del encuentro. Pero la verdad es que, a pesar del tibio intento de algunos por poner temas propios en la agenda, poco y nada salió de una reunión que es la principal instancia de discusión regional y se realiza una sola vez por año. No es de extrañarse. Hace mucho tiempo se levantan acusaciones contra la OEA por esto. No es un tema personal contra Insulza o su gestión. Simplemente, debido a la institucionalidad de la OEA, es muy difícil que tenga un rol destacado en la solución -o al menos en la discusión- de los problemas más serios que enfrenta la región.

Un ejemplo claro es la inconsistencia entre las acusaciones sobre violaciones a los derechos humanos que efectúa, con sólidos argumentos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos que depende de la OEA, y la escasísima repercusión que ellas tienen dentro y fuera de propia organización. A diferencia de su informe anual, que al menos se presenta ante el Consejo Permanente y en la Asamblea General, los informes especiales de la CIDH no suelen discutirse en los foros políticos.

Así, por ejemplo, el Informe Democracia y Derechos Humanos en Venezuela  demostró que existe una sistemática transgresión gubernamental a la libertad de expresión, erosión a la independencia de los poderes del estado y un peligroso acoso a la oposición política. En Cuba, un Informe similar de Human Rights Watch reveló la opresión que sufre la oposición política y la serie de vejaciones a las que son sometidos los presos de conciencia. La CIDH, en línea, aceptó causas presentadas por presos políticos o sus familias. Sin embargo, ambos países expulsan a los observadores internacionales de la OEA y acuden a la teoría del complot para responder a cualquier crítica, dejando al organismo sin capacidad de actuar.

Esta semana, en la reunión de Lima, la corrupción pública sería un tema relevante, pero pasó casi inadvertido.  El llamado de Alan García a discutir con urgencia sobre la supuesta carrera armamentista, tampoco tuvo eco.
Al final, la situación de Honduras, que ni siquiera estaba en la agenda, terminó acaparando los debates. Si hacemos memoria, se trata de otro espacio en el cual la OEA no logró ser un actor relevante. De hecho, el golpe de estado ocurrió sólo un mes después de que el organismo celebrara su anterior Asamblea anual en San Pedro Sula (Honduras), inaugurada por el aún presidente Manuel Zelaya, bajo el lema “Hacia una cultura de la No Violencia”.

Si bien el golpe de estado fue rechazado con decisión y el respaldo de todos los miembros, la organización se mostró incapaz de manejar las negociaciones entre el depuesto Zelaya y el golpista Roberto Micheletti. El orden democrático se restauró, pero a través de un proceso fuertemente criticado por la OEA, donde ni siquiera pudo actuar como observador de las elecciones. Ahora, Canadá, Estados Unidos y casi todos los países de Centroamérica (salvo Nicaragua), reconocen al actual gobierno de Porfirio Lobo, pero otros gobiernos, especialmente los integrantes del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), consideran viciadas las elecciones pues acusan que se llevaron a cabo en medio de una ruptura del orden constitucional.

¿Qué decidió la actual Asamblea? Que se conformará una comisión de “alto nivel” para evaluar el posible retorno, pero el documento es en realidad tan vago que no satisface a ninguna posición. En resumen, en medio de un continente crecientemente polarizado resulta difícil que un organismo multilateral se levante como un actor relevante en la solución de nuestros problemas y conflictos. La OEA debe actuar por consenso y su liderazgo está limitado estrictamente por el respeto a la soberanía de cada uno de los países miembros.

El documento que los 33 países miembros acaban de firmar los compromete a respetar el derecho internacional en la solución de controversias y a profundizar la cooperación regional. ¿Qué significa eso en la práctica? A la luz de la realidad, poco o nada. Los países -o sus gobiernos- seguirán actuando exactamente igual como lo han hecho siempre. La OEA sólo levantará la voz si alguna acción gubernamental es demasiado contraria al orden democrático y al respeto de los Derechos Humanos. Pero si eso sucede, el infractor simplemente se hará el sordo y no habrá nada que hacer.

En un año más, para la próxima Asamblea General, seguramente constataremos que ocurrieron nuevas injusticias y contradicciones, mientras este organismo se quedó tal cual, con los brazos cruzados… o quizá atados. No lo tengo claro. El punto es que todo indica que se mantendrá como un mero espectador.

Cuba y la liberación de Sigler

Editorial de www.LaNación.com.ar,  Argentina, 16 de junio, 2010

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1275119 

El lamentable estado de salud del dirigente luego de siete años de prisión muestra cómo castiga el régimen a los que disienten

Pese a la hipócrita condescendencia de algunos, lo cierto es que el régimen comunista de Cuba es totalitario y ha generado un ambiente social en el que no existe respeto alguno por los derechos humanos ni por las libertades civiles y políticas. El pueblo de Cuba parece, además, condenado a tener que vivir en la miseria, con toda suerte de privaciones.

Cada tanto un duro recordatorio nos revela la inmensa crueldad del régimen que desde hace cinco décadas tiene secuestrados a los cubanos y que ha transformado la isla en una inmensa prisión de la que sólo se sale si el gobierno lo autoriza. En donde, además, no se puede pensar distinto sin cometer el delito de opinión, castigado con prisión en las cárceles cubanas, probablemente las más inhumanas del globo.

Este es el estremecedor mensaje que transmite la reciente liberación de Ariel Sigler, uno de los presos políticos cubanos en grave estado de salud.

Se encuentra parapléjico a causa de una enfermedad neurológica, en silla de ruedas, con graves afecciones en el estómago, el esófago y la garganta, con apenas el sesenta por ciento del peso que tenía al ser detenido.

La salud de Ariel Sigler, o más bien de lo que queda de Ariel Sigler, parece destruida. Con apenas 47 años de edad, el presidente del Movimiento Independiente Opción Alternativa parece un anciano deteriorado. Así volvió a la casa de su familia después de siete años de cautiverio por pensar diferente. Tenía una condena a veinte años de reclusión. Al llegar, pese a todo, prometió seguir luchando por la libertad. Su salud puede estar vencida, pero su coraje no.

El trato inhumano recibido está a la vista de todos. Aun de los que se niegan a ver. Es posible que las gestiones del valiente Cardenal de Cuba, Jaime Ortega, que sabe personalmente lo que es el cautiverio, hayan ayudado a la tardía liberación de Sigler. Y a que, quizá, se concrete pronto el traslado de otros prisioneros políticos, también con la salud en muy mal estado, a lugares cercanos a los de sus familiares.

Sigler, recordemos, pertenecía al Grupo de los 75, cuyos miembros fueron encarcelados en la llamada “primavera negra” de 2003. Estuvo detenido en distintas prisiones en Ciego de Avila, Villa Clara y Cienfuegos, todas alejadas de su lugar de residencia, en Matanzas. Esta circunstancia evidencia el cruel nivel del ensañamiento del régimen cubano con los disidentes.

En otro rincón de la isla, en este caso en un hospital emplazado a unos 400 kilómetros de La Habana, otro detenido, Guillermo Fariñas, lleva cuatro meses en huelga de hambre en protesta por la falta de libertad.

Como ocurrió con el valiente disidente Orlando Zapata, Fariñas puede morir como resultado de su ayuno voluntario. El horror de lo que ocurre en Cuba es conmovedor, razón por la cual no puede, ni debe, ser silenciado.

La adicción al fracaso en las políticas de drogas

 En El Mostrador.cl Por Eduardo Vergara B., Director ejecutivo de la Fundación Progresa.

http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/06/11/la-adiccion-al-fracaso-en-las-politicas-de-drogas/

 11 de Junio de 2010

 La batalla contra las drogas ha sido un fracaso. Tanto en Chile y como en la mayoría de los países de América Latina los niveles de consumo y violencia relacionada siguen en alza. El crimen organizado producto del tráfico es uno de los problemas más graves en Latinoamérica. Un problema que al ser encubierto por los Estados, que no generan información y marginan a consumidores y adictos, conciben un espacio oscuro que fomenta la ilegalidad. La falta de pragmatismo y coherencia en las políticas junto con los esfuerzos represivos y prohibicionistas bien podrían pasar a la historia como uno de los errores más costosos en lo que a elaboración e implementación de políticas públicas se refiere.

Por sobre todo falta pragmatismo. Los tabúes relacionados a las drogas nos han privado de tener un debate honesto y coherente. Aún más, en sociedades donde las elites son altamente conservadoras y cínicas, como la chilena, la discusión no es solo precaria, sino que el uso de drogas está circunscrito a evaluación basada en dogmas similares a los que usa la iglesia para prohibir ciertos alimentos o prácticas.

Por sobre todo falta pragmatismo. Los tabúes relacionados a las drogas nos han privado de tener un debate honesto y coherente.

Al comparar el año 2002 con el 2009, el número de detenidos por consumo en Chile se ha multiplicado por nueve, ocho veces por porte y los detenidos por cultivo, entre el 2006 y 2009, han aumentado en un 250%. De acuerdo al Ministerio del Interior, más del 95% de todos lo procedimiento policiales en materia de drogas corresponden a la figura de delito flagrante (sorprendido consumiendo) y apenas el 5% corresponde a operaciones orientadas al crimen organizado. Lo que llama aún más la atención, es que en estos arrestos se usa el microtráfico como objeto de persecución penal, violando garantías constitucionales básicas al presumir que consumidores son traficantes. 8 mil chilenos fueron detenidos por porte entre el 2002-2008: el estado gasta valiosos recursos en perseguir y reprimir a quienes simplemente se están fumando un pito.

Independientemente de los esfuerzos represivos, desde 1994 los chilenos consumen considerablemente una mayor cantidad de sustancias. El aumento más grande se encuentra en el consumo de marihuana con un 32.8% seguido por el de cocaína y pasta base con un 8.6% (lo sigue el alcohol con un 17.3%, Tabaco 4.6%).

Una mayor represión no ha sido causal de reducción. Evidencia empírica de diversos estudios (ver Cohen y Hendrien, 2001) muestran que las políticas antidrogas no han producido efectos reductivos en los patrones de consumo de diversos países estudiados.

Primero que todo debemos terminar con las generalizaciones. No es lo mismo consumir marihuana, cocaína, heroína u otras drogas; cada una requiere estándares especiales. El consumo de marihuana debe ser regulado. Lo que implica el desarrollo de los espacios básicos para que los ciudadanos puedan elegir actuar con responsabilidad y sin miedo a ser perseguidos y estigmatizados. En segundo lugar, debemos abordar el tema como un problema de salud pública y no delictual. Urge formular un nuevo plan de drogas que dependa del Ministerio de Salud, y no del Ministerio de Interior. Con esto podremos disminuir el mercado negro, aumentar la calidad del producto y fomentar que sin temor quienes presenten problemas, se acerquen a buscar ayuda. Tercero, debemos quitar el foco sobre el consumidor y enfocar los esfuerzos y represión sobre el crimen organizado y las pandillas que se siguen robusteciendo en las poblaciones y muchas veces reemplazando el rol que debiera cumplir el Estado.

Mientras la problemática en torno a las drogas ha sido exiliada al segundo plano, quienes pensamos de manera progresista vemos con preocupación y gran sentido de urgencia la necesidad de articular un debate serio y pragmático que derive en la elaboración de nuevas políticas acordes a nuestra sociedad. Uno de los tantos puntos vagamente mencionados por el Presidente Piñera el pasado 21 de Mayo se refería a este tema. Lamentablemente para él, consumidores y criminales van en el mismo saco, para así generar cifras alarmantes. Una visión miope y conservadora, sobre un tema que requiere mayor atención, pragmatismo y debate.

Piñera y su política vecinal

Por Boris Yopo H. para El Mostrador.cl,  en: 

http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/06/02/pinera-y-su-politica-vecinal/ 

Boris Yopo es Cientista político y ex embajador.

2 de junio de 2010

Contrariamente a lo esperado por ciertos analistas conservadores del exterior, o algunos sectores de la derecha más dura en nuestro país, la política exterior seguida por el nuevo gobierno encabezado por Sebastián Piñera, ha tenido hasta ahora una orientación que enfatiza más la continuidad, el pragmatismo, y la coexistencia en la conducción de nuestras relaciones con América Latina. Cabe recordar por ejemplo, las expectativas de alguno de estos sectores, de que Piñera ya en el gobierno, recrease una suerte de nuevo “eje de contención” para enfrentar a los llamados populismos-revolucionarios de la región, lo que habría reeditado la política de “fronteras ideológicas” que tanto daño hizo a América Latina durante la Guerra Fría. Bueno, nada de esto ha sucedido hasta ahora, y los indicios durante estos primeros meses apuntan, por el contrario, a una política que privilegia la búsqueda de intereses comunes y la “coexistencia dentro de la diversidad” en nuestras relaciones con el vecindario, lo que representa una línea de continuidad básica con las políticas que instalaron el Presidente Lagos y la Presidenta Bachelet, frente al complejo escenario que ha existido en la región en la última década. Cualquiera sea la motivación, la senda seguida hasta ahora ha sido positiva, porque refleja una visión de Estado, y porque resguarda los intereses de Chile en un escenario que ha sido, y seguirá siendo complejo. Aún más, en una clara ruptura con el tradicional discurso anti-latinoamericano de la derecha (como no recordar por ejemplo, el artículo del entonces editor económico de “El Mercurio”, Joaquín Lavín: “Adiós América Latina”), hoy el nuevo gobierno ha puesto a la región en el centro de sus prioridades de política exterior, y el propio Piñera a identificado por ejemplo a Brasil, y al Presidente Lula, como uno de los referentes claves en el accionar internacional que tendrá su gobierno. Y no sólo esto, en importantes decisiones el Presidente decidió alinear a Chile con la posición de la mayoría de países de la región: Por ejemplo, el apoyo al ex Presidente Kichner para la Secretaría General de UNASUR, el no reconocimiento al gobierno de Honduras ( a pesar del llamado de los partidos de derecha de Chile y la región) mientras no se cumplan las exigencias mínimas acordadas en la propuesta del ex Presidente Arias de Costa Rica, o la renovación del mandato de las fuerzas chilenas en Haití (algo que los sectores más conservadores en Chile no ven con mucho agrado). Asimismo, en un diálogo reciente en Buenos Aires con el mandatario venezolano, Piñera reconoció las diferencias doctrinarias entre ambos gobiernos, para luego concluir “vivan las diferencias”, en señal de la disposición a una convivencia civilizada entre ambos. En una entrevista a “La Nación” de Buenos Aires por otra parte, el Presidente Correa de Ecuador señaló estar gratamente sorprendido por la vocación “latinoamericanista” del Presidente Piñera, y agregó que aunque varios gobiernos tenían ciertas aprensiones iniciales respecto a la orientación internacional del nuevo gobierno chileno, estás se habían disipado después de diversas reuniones sostenidas en el último tiempo. ¿Qué puede concluirse de una política que en su instalación se aleja de las definiciones más doctrinarias de lo que ha sido el discurso tradicional de la derecha chilena? ¿Será convicción, conveniencia, o sentido de Estado lo que define esta nueva aproximación hacia la vecindad? Probablemente hay más de estas dos últimas, pero lo cierto es que habría sido tremendamente irresponsable haber roto con nuestra tradición de promover el diálogo y entendimiento regional, en un escenario que está marcado por una gran diversidad ideológica y conflictividades recurrentes, pero donde además, el nuevo gobierno tiene vulnerabilidades no menores, considerando las reivindicaciones o temas pendientes con nuestros tres vecinos, y en un continente donde predominan además, los gobiernos de centro-izquierda, o populistas de izquierda. Al final (y sobre todo) en política exterior importa lo que se hace, más que lo que se dice. Y más allá de alguna retórica ocasional (ante audiencias selectas), cualquier tentación de “refundar” o “realinear” a la política exterior, quedó sepultada tanto por los éxitos de lo obrado por la Concertación (cosa que Piñera ha reconocido públicamente), como por los imperativos que hoy impone la realidad regional. Cualquiera sea la motivación, la senda seguida hasta ahora ha sido positiva, porque refleja una visión de Estado, y porque resguarda los intereses de Chile en un escenario que ha sido, y seguirá siendo complejo.

Palos de ciego en la política regional

Por Nicolle Etchegaray Thielemann

Basados en el peor chovinismo chileno, ese por el cual nos creemos los ingleses de Latinoamérica, nos gusta pensar que tenemos más en común con Europa y Norteamérica que con el desordenado vecindario en el que vivimos. Muy a tono con esa mirada, los principales triunfos de nuestra política exterior en los últimos veinte años se resumen en una notable lista de acuerdos comerciales y tratados de libre comercio con diversas naciones del mundo desarrollado. Todo ello, coronado con la incorporación de Chile a la Ocde al fin del último gobierno concertacionista.

 Pero la diplomacia con la región tiene un escenario bien diferente. Los descuidos, errores y pasos en falso han sido una constante, especialmente con los vecinos. Hoy la noticia es la controversia limítrofe con Argentina, pero en realidad los problemas que se arrastran incluyen a todos los países colindantes.

 Con Perú, aunque desde la Guerra del Pacífico estallan polémicas de todo tipo (desde los añejos videos de Lan Perú, el origen del pisco, las empresas chilenas asociadas a la corrupción de Fujimori y un largo etcétera), la estrategia chilena ha sido históricamente privilegiar las relaciones comerciales y negarse a discutir. Como describe “De Charaña a La Haya”, el último libro de José Rodríguez Elizondo, la diplomacia peruana había comenzado hace décadas un plan para relativizar los derechos chilenos sobre el territorio que hoy reclama. La Cancillería chilena, insistiendo majaderamente en la “intangibilidad de los tratados”, no puso el freno cuando era tiempo. Debido a nuestra negativa a discutir y presentar los argumentos necesarios, el asunto escaló, impulsado además por el nacionalismo peruano, que suele exacerbarse cuando las autoridades están en crisis. El resultado está a la vista: una demanda ante La Haya que Chile pudo evitar.

 Con Bolivia, la diplomacia ha sido igualmente mal llevada. La reivindicación marítima fue sistemáticamente ignorada, como si negarse a discutir sobre el tema permitiera superarlo. Sólo Bachelet, con su “Agenda de 13 puntos” se hizo cargo del tema, incorporándolo a una lista de asuntos pendientes que inmediatamente distendió la relación. Pero las reuniones se mantuvieron en un secretismo insano en democracia y sabemos muy poco sobre sus avances.

 Con Argentina, lo que sucede es que de pronto “estalla” un conflicto limítrofe. Sin embargo, la realidad es que nos encontramos con un problema añejo. Aunque aquí Chile se hizo cargo del tema durante algún tiempo, nuevamente había dejado bajo la alfombra el asunto, con cero mirada estratégica.

 Tras el episodio que nos tuvo al borde de la guerra, la definición de los límites pendientes avanzó con fuerza en 1991, cuando los gobiernos de Patricio Aylwin y Carlos Menem resolvieron 22 de los 24 puntos pendientes de la línea fronteriza. Un arbitraje externo resolvió el penúltimo punto en 1994, cuando perdimos Laguna del Desierto a favor de Argentina. En 1998, como el sector de Campos de Hielo Sur seguía pendiente (el último punto), nuevamente Carlos Menem, esta vez con Eduardo Frei, se sentaron a negociar y cerraron un trato. Pero los parlamentos de uno y  otro lado vetaron una parte. Ese espacio, que abarca desde la cumbre del Monte Fitz Roy hasta el cerro Murallón, es lo que permanece irresuelto.

 De acuerdo a lo que se decidió entonces, una “Cámara mixta” se reuniría para solucionar el tema, pero hasta 2008 nadie movió un dedo. Sólo cuando un parlamentario chileno acusó que los mapas turísticos argentinos (respaldados por su Instituto Geográfico Militar) hacían suyo el territorio en disputa, se encendió la alerta. Entonces, en nuestro Senado se creó una comisión especial para revisar la situación. El resultado fueron 77 indicaciones para reforzar la presencia chilena y tratar de evitar un escenario como el de Laguna del Desierto. ¿Qué se ha cumplido de esa lista? Absolutamente nada, aun cuando la propia Michelle Bachelet respaldó el proyecto.

 Ahora, las malas lenguas dicen que el gobierno argentino es quien quiere resucitar el tema, especialmente en medio de un complejo clima político interno. Tienen a su favor que es más fácil acceder a esos territorios desde Argentina, pero además nuestros vecinos han mantenido una notable estrategia de impulso turístico a los pueblos que rodean los glaciares en disputa, un territorio único por sus enormes reservas de agua dulce, recursos turísticos y científicos. Algo que pudimos haber hecho con tiempo y decisión, pero que preferimos ignorar.

 Desidia, dificultades técnicas, incapacidad, falta de mirada estratégica… es difícil definir cuál de estas variables (y en qué medida) determinaron el actual escenario. Lo cierto es que nuevamente un conflicto nos estalla en la cara y no lo supimos prever.

Narcotráfico: atacar la demanda y legalizar

Por Nicolle Etchegaray

Parte de las historias más sórdidas y sensacionalistas que actualmente informa la prensa mexicana ya no vienen de su farándula, sino del narcotráfico. Como parte de una película hollywodense, segmentada en capítulos que poco a poco develan los medios, se nos informa sobre la sangrienta guerra que enfrenta al Estado con poderosas mafias organizadas; la guerra paralela entre los propios cárteles por el control las rutas de distribución de la droga; las autoridades de todo orden maniatadas o cooptadas por el narcotráfico; el conteo diario de los asesinatos (mil sólo en los primeros treinta días del año); y como guinda de la torta, las cabezas humanas esparcidas por calles y cabarets, a modo de campaña comunicacional sobre una justicia paralela a la del estado. Detrás de toda esta violencia hay miles de seres humanos, de familias, que sobreviven bajo la ley de la selva o abandonan lo poco que tienen para ser inmigrantes el resto de sus vidas. Como dicen por ahí, a veces la realidad supera a la ficción.

Lo que la prensa no informa a la par, al menos en la profundidad que lo amerita, es que esta realidad se sustenta en otra mucho menos noticiosa. El “violento mercado de la droga”, en realidad es violento en el segmento de la oferta, mientras en el lado de la demanda el escenario es mucho más silencioso y tranquilo, aún cuando el consumo ha sido fuertemente penalizado en muchos países.

La ONU estima que en el mundo hay 200 millones de consumidores de droga. Alrededor del 70% de ellos están en Europa, pero sólo en Estados Unidos hay 55 millones. A riesgo de caer en simplificaciones, gran parte de esta gente es bastante normal: personas que trabajan, respetan gran parte de las leyes y pagan impuestos. Gente común y corriente, pero que paga por sustancias que permiten acceder a sensaciones diferentes, sabiendo que pueden causar daño y son ilegales en la gran mayoría de sus países.

La guerra contra el narcotráfico se ha preocupado muy escasamente de este lado de la historia. Los estados y las organizaciones internacionales han gastado mucho tiempo y miles de millones de dólares tratando de exterminar a los productores y comerciantes de droga: el noticioso segmento de la “oferta” del mercado. Y por ahora, no vemos que hayan tenido demasiado éxito. Si liquidan a un narcotraficante, de inmediato es reemplazado por otro; si terminan con un cártel, una o más organizaciones pronto ocuparán su espacio. Donde hay demanda, tarde o temprano nace la oferta.

Lo terrible de esta oferta es que, en los turbios espacios de la ilegalidad, viene asociada una extrema violencia, mucha corrupción, erosión de las instituciones y el estado de derecho,  pérdida constante de vidas humanas. Y todo esto sucede en América Latina o en los espacios donde se genera y articula la oferta, no donde se produce la demanda.

 Atacar el segmento de la demanda es fundamental. Y por eso se aplaude la reciente decisión del gobierno de Barack Obama de cambiar el foco de la lucha de Estados Unidos contra el narcotráfico. Su nueva Estrategia de Control de Drogas, pretende disminuir el énfasis criminal-judicial para tratarlo como un problema de salud pública. El acento se pondrá en la prevención del consumo y en la integración de los tratamientos contra la droga en el sistema de salud, para bajar un 15% el consumo de narcóticos entre los jóvenes en cinco años. Es decir, por fin se hará cargo de la demanda y la guerra se jugará en otro territorio.

Suena tan lógico adoptar estas medidas. Consiste simplemente en traspasar a la política pública el enfoque que los especialistas han estado sugiriendo desde hace tiempo. Algo que en América Latina no sucede, aún cuando el tema se ha puesto antes sobre el tapete.

 Si es posible tratar el asunto sin conservadurismos y atacar directo al mercado de la droga, lo sensato sería ir incluso más allá del plan de Obama. La Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, integrada por expertos, representantes de la intelectualidad latinoamericana (como Mario Vargas Llosa, Enrique Krauze y Moisés Naím), y del mundo político (como los ex presidentes Fernando Cardoso de Brasil,  César Gaviria de Colombia y Ernesto Zedillo de México), sugirió hace años la despenalización del consumo de marihuana y el “cambio de paradigmas” en el combate a las drogas. Esto, claro, acompañado del tratamiento a los adictos y fuertes campañas de prevención. La marihuana sería el primer paso, simplemente porque consideraron poco realista plantearlo para todas las drogas.

 La sugerencia tiene todo sentido. El mercado existe. Más allá de las apreciaciones valóricas, está. Y para que un mercado potente se debilite o extinga, sólo hay dos posibilidades: disminuye substancialmente el consumo o deja de ser un producto ilegal. El problema para enfrentar este problema es que, como dijo César Gaviria, el ex presidente colombiano, “las actuales políticas están basadas en los prejuicios y temores y no en los resultados”.

 Mientras las políticas públicas se fundamenten en la “moral” de algunos y no en la aceptación de la realidad, es poco probable que el narcotráfico disminuya su poder. Si no baja milagrosamente la demanda, el negocio seguirá creciendo en la clandestinidad, exento de impuestos, solvente para financiar sus propios aparatos de seguridad, corromper a las autoridades y hasta para declarar la guerra frontal a un estado.

 A continuación, les adjunto algunos artículos sobre el tema:

 Cambio de la política antidroga de Estados Unidos crea expectativas en América Latina

Infolatam

 Para Ganar La Guerra Del Narco

Por Rodrigo Canales para Nexos

 ¿EU dejaría la droga?

Editorial de El Universal, México

 Drogas: ONU reporta 200 millones de consumidores, advierte consumo alarmante de cocaína en Europa

ONU

 ¿Legalizar o no las drogas?

Casa de América, España

Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia  

Kirchner, ¿líder latinoamericano?

Por Carlos Blanco, para La Tercera, Opinión.

05/05/2010

Néstor Kirchner no se ha destacado como un político-intelectual capaz de transmitir una visión de futuro sobre América Latina. Es, ante todo, un político de aparato, que trabaja en la sala de máquinas de la estructura de su país.

La Unasur puede ser útil en el futuro, pero hasta ahora es un invento de Brasil para excluir a México de la competencia por el liderazgo regional, así como también a Washington por “imperialista”. Debe tenerse en cuenta que la retórica de izquierda del Presidente Lula -ahora convertido en el líder más mimado por la centroderecha del planeta- no dificulta, sino que ayuda, a promover la grandeza de Brasil, permanente sueño de las elites de este país.

Néstor Kirchner fue electo como secretario general por ausencia de rival. Un caso parecido, en la forma, al reciente de José Miguel Insulza en la OEA, con respecto del cual muchos gobiernos tenían reservas, comenzando por el de su país, pero sin que pudieran aflorar otros candidatos dadas las contradicciones políticas del hemisferio.

En este momento la región está asediada por conflictos e incertidumbres. La situación económica y sus repercusiones sociales son motivo de desasosiego; las olas de la crisis de 2008 no han terminado de llegar y el incremento de la pobreza se asomó nuevamente, aunque podría ser menor al esperado hace un año, dado el nuevo arranque de crecimiento. Un impacto fulminante ha sido el de la catástrofe de Haití que, en muchos sentidos, plantea el desafío de construir un país y un Estado casi desde cero. Igualmente, concurren tensiones bilaterales, como las que tienen lugar entre Colombia y sus vecinos, Venezuela y Ecuador; así como otras de menor intensidad entre Argentina y Uruguay; o entre Bolivia y Perú, por un lado, y Chile por otro.

Se agrega el enredo en el trato hacia Honduras, respecto del cual la región está dividida, en especial bajo la presión de Lula, cuya política imperial resultó humillada por la resistencia de las elites hondureñas. También deben notarse las contradicciones generadas por los acuerdos militares de Colombia y Brasil con el Pentágono, los cuales han generado respuestas oportunistas; ambos han sido firmados en medio de una carrera armamentista regional ya difícil de disimular. No está de más añadir otros problemas estructurales de la región, entre los cuales destacan el crimen y el tráfico de drogas. Cavilar sobre las aptitudes de Kirchner para articular procesos útiles en torno a estos temas parece oportuno.

¿Y quién es este personaje? Néstor Kirchner no se ha destacado como un político-intelectual capaz de transmitir una visión de futuro sobre América Latina (o del Sur, para estos efectos). Es, ante todo, un político de aparato, que trabaja en la sala de máquinas de la estructura política de su país. Intemperante y capaz de interferir abiertamente en la gestión de la Presidenta Cristina Fernández -su esposa-, pero con habilidades reconocidas para el muñequeo.

El problema es que la familia Kirchner está asediada por un deterioro político creciente marcado por denuncias de corrupción, relacionadas con sus sucesivos gobiernos; las más recientes se refieren a las redes de negocios argentino-venezolanos. Es posible que se haya visto útil darle una proyección internacional a Néstor Kirchner para sacarlo de la línea de fuego doméstica, de este modo protegerlo para preparar su eventual retorno como candidato presidencial.

Es una decisión conjunta de Lula y Chávez. Lula, como casi dueño de Unasur; y Chávez, porque necesita desesperadamente aliados que vayan más allá de los sospechosos habituales: Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega. Lo curioso es ver cómo han arrastrado a los demás países no demasiado entusiasmados con el candidato, pero incapaces de articular estrategias alternativas.

Publicado en La Tercera papel del 5 de mayo de 2010. Publicado en Internet en: http://www.latercera.com/contenido/895_256844_9.shtml