Adeus, Tlatelolco. Bonjour le TNP
A raíz de las compras militares de Brasil y los tratados de Tlatelolco y de No Proliferación Nuclear, este artículo de Rafael A. Prieto Sanjuán, Profesor de Derecho Internacional de la Universidad Javeriana, publicado el 15 de septiembre en El Espectador de Colombia.
Rafael A. Prieto Sanjuán*
En medio de la discusión relativa a la carrera armamentista en nuestro continente y, con independencia de las frenéticas compras de Chávez, surge una situación a la que no se le ha dado toda la trascendencia estratégica y jurídica que la misma conlleva, a saber, la firma del acuerdo militar entre París y Brasilia.
En efecto, se trata de la consolidación de Brasil como potencia, aun cuando dicho acuerdo haya sido presentado sin fines bélicos; de hecho, los convenios de esta naturaleza nunca se presentan con tales objetivos, sino con una vocación de carácter defensivo o disuasivo. Pero lo cierto es que esta situación podría afectar al Tratado para la proscripción de las armas nucleares en América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco de 1967) y, en consecuencia, ser proclive al abandono de la idea regional de una zona militarmente desnuclearizada.
Ahora, acá no nos referimos a un simple ideal. Es, ni más ni menos, una cuestión de derecho internacional: un tratado vinculante para todos los Estados parte, no sólo de la subregión, sino también para las potencias nucleares que suscribieron sus dos protocolos adicionales. En consecuencia, es una obligación “prohibir e impedir (…) el ensayo, uso, fabricación, producción o adquisición, por cualquier medio, de toda arma nuclear, por sí mismas, directa o indirectamente, por mandato de terceros o en cualquier otra forma” y, en la misma medida, “el recibo, almacenamiento, instalación, emplazamiento o cualquier forma de posesión de toda arma nuclear”. Y, de igual forma, “abstenerse de realizar, fomentar o autorizar, directa o indirectamente (…) el dominio de toda arma nuclear o de participar en ello de cualquier manera”.
La pregunta que surge enseguida es, de concretarse las informaciones relativas a la adquisición de misiles de largo alcance, así como la fabricación de un submarino nuclear, diseñado para lanzar y transportar misiles balísticos y, abstracción hecha del vector que podría emplearse, ¿no constituiría la potencialidad de su carga, una o más violaciones del Tratado de Tlatelolco? No solamente por parte de Brasil, sino también de Francia, quienes, entre otras cosas, se encuentran igualmente vinculadas por el Tratado de No Proliferación Nuclear o TNP de 1968, cuyas obligaciones también podrían estar siendo quebrantadas.
Así las cosas, más allá de las negociaciones entre el Quay d’Orsay y el Palácio Itamaraty, por lo menos debería formularse una solicitud al organismo competente (Opanal) para que requiera un informe especial sobre cualquier hecho o circunstancia extraordinarios que afecten el cumplimiento del tratado regional, para que se convoque a una conferencia general extraordinaria o se solicite el asesoramiento de la Comisión Interamericana de Energía Nuclear.
Incluso, también a propósito de los fines “civiles” de la energía nuclear proyectados por Venezuela, sería procedente consultar al Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) acerca de lo que está ocurriendo. No olvidemos que quien posee el arma nuclear también se expone a ser atacado con el mismo tipo de arma, cuyos efectos, no sobra decirlo, son altamente destructivos, expandibles e incontrolables.
* Ph. D. Profesor de Derecho Internacional, U. Javeriana