¿Esta en peligro la paz en Sudamérica?
A la fuerte disputa entre Colombia, Venezuela y Ecuador (otra más), hay que sumar el anuncio de la utilización de bases colombianas por los Estados Unidos. Esta determinación ha prendido señales de alarma hasta en el propio Brasil. Todas estas noticias no han caído bien a Venezuela, Nicaragua, Bolivia ni Ecuador, países que definen a Colombia como “la principal amenaza para Sudamérica”. Como quiera que sea, a esta serie de entredichos hay que sumar la señal más preocupante del clima de tensión regional: la carrera armamentista.
Pasen y vean.
Sudamérica no pasa por sus mejores días. La fuerte disputa entre Colombia y Ecuador (otra más), por la denuncia hecha por el Gobierno de Alvaro Uribe sobre el supuesto financiamiento de las FARC a la campaña del Presidente Rafael Correa, es otro episodio más de su larga historia de distanciamiento. Se trata de un video del jefe militar de las FARC, el Mono Jojoy, difundido recientemente por Colombia que confirmaría la entrega de fondos a la campaña electoral de Correa.
La denuncia cayó mal en Ecuador, pero no ha podido ser negada ni siquiera por el propio afectado quien comienza a buscar entre sus antiguos colaboradores algún chivo expiatorio (“no fui yo, fueron ellos”, insinuó recientemente), lo cual no ha hecho más que ahondar las diferencias que separan estos países y a los mundos a los que se arriman.
Colombia y Ecuador no tienen relaciones diplomáticas desde que estallara la crisis de 2008 entre ambos países, hace un año. Entonces se bombardeó un campamento en territorio ecuatoriano en que murió el comandante de las FARC, Raúl Reyes. En esta oportunidad ha decidido declarar guerra comercial a Colombia imponiendo aranceles a más de 1.300 productos.
A lo cual hay que sumar otra denuncia colombiana contra Hugo Chávez que afirma que éste le entregó a las FARC armamento comprado a Suecia, lo que ocasionó que Venezuela congelara las relaciones diplomáticas por cuarta vez desde 2002. Las consecuencias económicas son graves sobre todo para Colombia, pero ambos países se ven seriamente afectados por el hecho.
La denuncia versa sobre el hallazgo en un campamento de cinco lanzacohetes AT-4 de fabricación sueca, capaces de atravesar blindados e instalaciones fortificadas. Además, unos correos electrónicos de Raúl Reyes, afirmaban, en enero de 2007, de que los generales venezolanos Hugo Carvajal, jefe de Inteligencia Militar, y Clíver Alcalá, hombres de confianza de Hugo Chávez, habían hecho llegar a las FARC “cohetes antitanque de 85 milímetros”.
Venezuela no oculta su cercanía con las FARC. Hoy, Caracas tiene hasta una plaza que lleva el nombre del fundador de la organización, Manuel Marulanda.
Bases militares
Pero la cereza en la torta ha sido el anuncio de la utilización de bases colombianas por los Estados Unidos (bajo el mando de oficiales colombianos, dice el gobierno de Uribe), lo que ha sido entendido en toda la región como la instalación de bases militares estadounidenses en Sudamérica.
El nuevo acuerdo de cooperación militar entre EE UU y Colombia prevé, según la prensa colombiana, que los estadounidenses utilicen las bases de Malambo, en la región Atlántico, Palanquero (Cundinamarca) y Apiay (Meta) para operaciones contra el narcotráfico.
Además, se informó que Bogotá querría que Washington aumente su personal en las bases de Larandia (Caquetá) y Tolemaida (Tolima) para operaciones orientadas a la lucha contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y contra el narcotráfico. La de Apiay, por ejemplo, sería la punta de lanza para intensificar la lucha contra el frente oriental de los guerrilleros.
Esta determinación ha prendido señales de alarma no sólo en países tradicionalmente enfrentados con Colombia como Venezuela, sino hasta en el propio Brasil, que ha comenzado a desplegar su diplomacia para ver si algo se puede hacer al respecto.
Brasil quiere que se reúna el Consejo de Seguridad de UNASUR, la organización que agrupa a los países sudamericanos, para abordar la crisis entre Venezuela y Colombia y la instalación de bases, según sostuvo el canciller brasileño, Celso Amorim, en una conferencia de prensa junto a su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos.
No es extraño entonces que el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, visite a sus pares de Perú, Chile, Brasil y Paraguay para explicarles de qué va todo esto. En la gira Uribe expone los riesgos del terrorismo en Colombia y los beneficios de la presencia militar estadounidense. Según el presidente colombiano, su país mantendrá el control de las bases, destinadas a combatir el narcotráfico, y se respetará el número máximo de efectivos extranjeros, establecido por el Plan Colombia.
Los gobiernos de Brasil y España estarían coordinando acciones conjuntas contra las decisiones colombianas, según informó el diario “Folha de Sao Paulo”. De acuerdo con la prestigiosa analista política de ese medio, Eliane Cantandee, los países sudamericanos expresaron a Europa el temor de que Obama esté usando las bases militares en Colombia para neutralizar la creciente aproximación de Chávez tanto con los rusos, a los que les compró equipamiento bélico, como con los iraníes, enemigos de Washington.
La necesidad para los Estados Unidos de este acuerdo con Colombia, que sigue siendo su mejor aliado en la región, es sencilla. Los estadounidenses ya han comenzado a salir de Manta, en Ecuador, luego de que el Presidente Correa pidiera la suspensión del acuerdo que mantenían ambos países. En cumplimiento de esa decisión ecuatoriana, los EEUU han prometido que para mediados de septiembre ya no habrá ni uno solo de sus efectivos en ese país.
Este puesto de operaciones en Ecuador conformaba, junto a los de El Salvador y Curazao, un triángulo estratégico para interceptar los vuelos de los narcotraficantes. En Manta, Estados Unidos podía tener hasta ocho aviones para el rastreo de naves y submarinos del narcotráfico. Las naves cubrían un área de 6.400 kilómetros sobre el Pacífico, desde Perú hasta Centroamérica. Hasta octubre se habían decomisado unas 1.617 toneladas de drogas, según cifras oficiales estadounidenses, según el diario El País.
La principal amenaza para Sudamérica
Todas estas noticias no han caído bien a Venezuela, Bolivia ni Ecuador, países que definen a Colombia como “la principal amenaza para Sudamérica”. El presidente de Bolivia, Evo Morales, calificó de “traición” el acuerdo militar. Por su parte, el nicaragüense, Daniel Ortega, sostiene que estas bases “puede liberar más fuerzas y combinar incluso operaciones dirigidas a acabar con procesos sociales, populares y democráticos como los que avanzan en Venezuela, Bolivia y Ecuador”. Como si faltara poco la guerrilla colombiana ha dicho que EEUU prepara una “invasión” de Venezuela desde bases militares colombianas.
Como quiera que sea, a la serie de entredichos entre países de la región (sólo en esta semana Evo Morales acusó y luego tuvo que pedir disculpas a Argentina y Chile por hablar sobre la política interna de esos países), hay que sumar la señal más preocupante de la tensión regional: la carrera armamentista.
Y para ello hay que comenzar en Brasil, país que ha incrementado en 50% el presupuesto militar desde que su actual Presidente llegó al Gobierno, en 2003. Lula ha adquirido a Israel ocho aviones no tripulados que serán usados para vigilar las fronteras.
A lo cual hay que agregar los constantes cruces verbales entre Perú y Chile por una supuesta carrera armamentista que tiene episodios cada vez más seguidos.
En esa clave se deben leer las declaraciones de Alan García sobre el reponteciamiento de las Fuerzas Armadas peruanas mientras su canciller, José Antonio García Belaunde, expresa preocupación por las recientes compras bélicas que ha realizado Chile e, incluso, consideró que los chilenos está incitando una carrera armamentista en Sudamérica. “Realmente llama la atención y preocupa el gasto en armamento que hace ese país. Yo no diría que hay una guerra fría, pero sí es una incitación a una carrera armamentista”, dijo el funcionario al diario Perú 21.
García Belaúnde hacía referencia a la compra chilena de 18 aviones de guerra usados F-16 a Holanda, con lo que completaría una flotilla de 46. El ministro de Defensa de Chile, Francisco Vidal, afirmó al respecto que Chile tiene el mejor ejército, y las mejores armada y fuerza aérea del último siglo, al tiempo que calificó de “majadería” las acusaciones peruanas de que está incitando a una carrera armamentista.
A este entredicho hay que agregar las acusaciones de espionaje a cuatro oficiales de la Fuerza Aérea de Chile que el gobierno de Perú negó terminantemente.
Bolivia, no quiere quedarse al margen de la fiesta y el ministro de Defensa, Walker San Miguel y el embajador de Rusia en Bolivia, Leonid Golubev, informaron las gestiones que inició el Gobierno boliviano para lograr un crédito ruso de más de 100 millones de dólares para adquirir un flamante avión presidencial y modernizar las Fuerzas Armadas.
En el mismo tema, el presidente ecuatoriano Rafael Correa desmintió que su país esté en una carrera armamentista pero aseguró que Ecuador se prepara para mejorar su capacidad operativa militar, según el diario El Tiempo. En tanto, el ministro de Defensa ecuatoriano, Javier Ponce, sostuvo que Colombia es una amenaza para Sudamérica
Las declaraciones más preocupantes en este sentido, han sido las del Presidente venezolano, quien afirmó que “Dios nos libre de una guerra, pero eso no depende de nosotros. Estamos listos para morir, pero Venezuela jamás de los jamases volverá a ser colonia yanqui ni colonia de nadie”.
A lo cual debe sumarse el anuncio de Chávez en su programa “Aló Presidente”, de fortalecer el poder militar de su país con el incremento de unidades de combate hasta duplicar sus batallones de tanques, lo que habría sido comunicada oficialmente al Gobierno de Rusia, el principal proveedor de armas a Venezuela.
Así estamos.