¿Dos izquierdas?

Sergio Molina M.

 

Durante los últimos años la prensa ha hecho inmensos esfuerzos para mostrar las similitudes entre los procesos de Ecuador, Bolivia y Venezuela en relación a otros países. Por su parte, los académicos se esfuerzan en buscar las diferencias y hasta llegan a creer que estos procesos son excepcionales.

 

Pero la realidad suele ser más taimada, y en ambos casos. Sobre todo si se toma en su justa dimensión declaraciones como las de Evo Morales que se declaró marxista leninista, lo cual parece más una broma antes que convicción profunda; o si leemos las declaraciones del Presidente ecuatoriano, quien, sabiéndose reelecto, respondió a la pregunta sobre un eje entre Venezuela, Bolivia y Ecuador con las siguientes palabras:¿Cuál es el problema si existiera un eje?… El que haya un eje no tendría nada de malo, pero explícitamente no existe ninguno. Se habla mucho y se confunde populismo con popular. Que me relacionen con Chávez, ¿cuál es el problema?”.

 

Todo lo cual hace difícil desmitificar aquello de las dos izquierdas en Latinoamérica (una herbívora, otra carnívora, como afirman Vargas Llosa y Montaner), pero hagamos el intento. De lo que se trata aquí es más bien de encontrar coincidencias que van más allá de un grupo de países, y que se entrecruzan en toda la región: en lugar de dos bandos enfrentados, más bien un abanico de matices.

 

Cierto que el desplome financiero también marca un fin de época o por lo menos una pluralidad de formas de enfrentar el problema. El fundamentalismo neoliberal que se había impuesto y “naturalizado”, es cuestionado desde muy distintas perspectivas y estilos, pero en todos los casos sin distinción, se reafirma el carácter autónomo de esos procesos respecto a los EEUU.

 

Otra característica que unifica a todos los países de la región es la creación de Estados fuertes y redistribuidores de la riqueza, un capitalismo de Estado en algunos caso extremo, cierto, pero que en lo esencial no toca la propiedad privada y que, si nacionaliza, lo hace pagando religiosamente. ¿No es eso lo mismo que ocurre en el mundo entero? Los vientos que soplan son estatistas y los políticos que los enfrentan están destinados al fracaso.

 

También se quiere identificar ejes señalando los procesos de reforma constitucional que han protagonizado, pero curiosamente también lo han hecho otros países ubicados en las antípodas ideológicas. Se los acusa de buscar la reelección, pero ésta sedujo en su momento desde Uribe hasta Lula, sin olvidarnos de Fujimori o Menem. Parecería algo inherente a los políticos antes que sólo a los gobernantes de la izquierda radical.

 

Finalmente, se critica los procesos democráticos conducidos por los mandatarios díscolos. Sin embargo, Ecuador tiene por primera vez —después de 7 presidentes en 10 años— uno electo en primera vuelta; al igual que Bolivia, por segunda vez en toda su historia republicana; y lo mismo puede decirse de todos los países de la región en los últimos años. ¿Es esto negativo para la democracia?

 

Que hay dos mundos enfrentados representados en Brasil y Venezuela parecería ser cierto sólo en un primer vistazo, a medida que uno se detiene a mirar el detalle, el panorama es harto más complicado (por ejemplo que Brasil es líder de todos no sólo de algunos). Hay coincidencias como las mencionadas y, por supuesto, diferencias, pero ellas hay que buscarlas menos en la política y más en los procesos sociales que viven cada uno de estos países.

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