La verdadera victoria de Uribe
Por PATRICIO NAVIA
Patricio Navia es profesor asistente adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos de New York University y profesor de ciencia política del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales.
El presidente colombiano Álvaro Uribe ha sido merecidamente el gran triunfador después de la celebrada liberación de Ingrid Betancourt y de otros 14 rehenes en manos de las FARC. Pero Uribe puede sumar una victoria todavía más espectacular si resiste a la tentación de perpetuarse en el poder. Precisamente sus triunfos facilitan la consolidación de una democracia segura y libre de la guerrilla, Uribe debiera coronarlos con su salida voluntaria del poder cuando termine su segundo mandato en 2010.
Las FARC sufrieron una aplastante derrota estratégica y militar cuando los rehenes fueron liberados sin un solo tiro de por medio. Después del certero ataque del ejército colombiano que costó la vida al guerrillero Raúl Reyes, de la muerte del histórico cabecilla Manuel Marulanda y de otros importantes reveces recientes, las FARC están en una posición de dramática fragilidad. El acucioso trabajo de las fuerzas armadas colombianas y la activa colaboración de Estados Unidos en la lucha contra la guerrilla han contribuido al éxito de la política de seguridad democrática de Uribe. El pueblo colombiano así lo ha reconocido, al votar mayoritariamente a favor de su re-elección y al otorgarle niveles de aprobación altísimos durante su mandato. A dos años del fin de su segundo periodo, Uribe goza de los niveles de aprobación más altos entre los presidentes de América latina.
Justificadamente, Uribe celebró la liberación de los rehenes como una victoria personal. Después que su estrategia había sido cuestionada—incluso por las propias familias de Betancourt y de otros rehenes—Uribe ha demostrado que su política de tolerancia cero con la guerrilla ha producido resultados. Colombia es hoy un país más seguro, más democrático y más estable gracias al liderazgo de su presidente. Es cierto que persisten problemas. Las FARC todavía cuentan con miles de guerrilleros armados. La violencia parece endémica en algunas regiones. Los ataques contra periodistas, líderes sindicales y otros activistas siguen siendo un fenómeno recurrente. Las conexiones de algunos políticos con grupos paramilitares producen justificadas críticas. La influencia de narcotraficantes sigue siendo una amenaza política y social. La pobreza y la desigualdad todavía amenazan la estabilidad del país.
Pero Colombia ha dado pasos gigantescos en la dirección correcta de más consolidación democrática, mayor seguridad y superior imperio del estado de derecho. El activo papel que ha jugado el poder judicial en perseguir casos de corrupción e investigar conexiones de políticos con grupos paramilitares demuestra que hay instituciones independientes que cumplen sus tareas. Aunque su estilo y liderazgo han sido cuestionados por buenas razones, el presidente Uribe ha sido un líder a favor de la consolidación democrática.
La liberación de los rehenes constituye una victoria personal de Uribe. Nadie gana más que él. Sus adversarios han sido debilitados. Sus críticos, acallados. En tanto demuestre entender que la democracia está por sobre los liderazgos personales, Uribe podrá seguir cosechando victorias. Si en cambio permite que la estabilidad y la paz en Colombia queden asociadas a su persona, la democracia saldrá debilitada. Enfrentado a la tentación de promover una reforma constitucional que le permita buscar un tercer periodo presidencial, Uribe debe saber resistir.
El fallecido jefe guerrillero Manuel Marulanda nunca supo aprovechar las oportunidades que le brindó la historia para negociar la paz. Por eso, su nombre estará por siempre asociado a la ignominia. Las FARC tampoco supieron cuando deponer las armas. Su derrota militar es ahora inminente. Algunos de sus líderes deberán enfrentar a la justicia por sus crímenes contra la humanidad. El Presidente Uribe debiera aprender de los errores de sus enemigos. Uribe debe demostrar que en democracia todos, incluso los más exitosos, se retiran a tiempo.
La liberación de los rehenes y la derrota de las FARC son buenas noticias para Colombia y para toda América latina. Las FARC son una herencia dolorosa de la guerra fría. Hay que celebrar que su fin ya parezca una realidad cercana. En el futuro, la democracia nunca debe ser puesta en peligro por grupos guerrilleros. La justicia social a la que aspiran millones de personas debe ser buscada sólo por la vía democrática, no por la vía de las armas. Pero la democracia también se sustenta en instituciones, no en personas. Ahora que está en el pináculo del poder y justificadamente goza de altos niveles de aprobación, Uribe debe entender que su mayor triunfo no será garantizar la seguridad democrática derrotando a las FARC. Su victoria será saber retirarse a tiempo y convertirse así en el padre de esta nueva democracia colombiana, pujante y entusiasta, libre de la guerrilla y libre también de líderes políticos que busquen perpetuarse en el poder. La victoria de Uribe será la consolidación de las instituciones por sobre las personas. Así, el presidente podrá hacer realidad la arenga de uno de los padres de la independencia de Colombia, Francisco de Paula Santander, cuya celebrada frase “las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad” parece hoy más oportuna que nunca para indicar el camino hacia el verdadero triunfo que espera al presidente Uribe.