Gestión del Desarrollo

Por EUGENIO LAHERA P.
Asesor de Políticas Públicas del Rector de la Universidad de Chile

Una enseñanza de la gestión pública en América Latina es que la separación de la política y la técnica empobrece la gestión pública. La falta de consideración de la política o de la técnica generó formas deterioradas de reflexión y de acción, ya que la política con prescindencia de la técnica lleva a la demagogia, y la técnica que no considera la política lleva a la tecnocracia.

La política y la técnica son dos formas de conocimiento que deben ser complementarias en la reflexión y en la aplicación de las políticas públicas. Mientras la política orienta y da el marco de acción a las políticas, la técnica señala modalidades de cumplimiento. Y el complemento de ambas es necesario para los gobiernos, los gabinetes, los partidos, los congresos y las organizaciones sociales, así como para toda la ciudadanía. 

La demagogia y la tecnocracia comparten una debilidad, la exclusión de algún aspecto importante de las políticas públicas y por ello ambas son perjudiciales para los países. Las sociedades pierden si se autolimitan a la repetición de consignas para un futuro indeterminado, o si  reducen las políticas a opciones marginales en un marco burocrático.

La demagogia consiste en que gobiernos y partidos se concentren exclusivamente en los objetivos de las políticas públicas, incluso algunos inalcanzables en el corto plazo; y descuiden, en cambio, los aspectos de su puesta en práctica. Por su parte, la gestión demagógica ilusiona, pero decepciona; quienes la aplican suelen achacar su previsible falta de éxito a causas irreales, mientras sube el volumen de los discursos y aumentan las explicaciones voluntaristas. La demagogia puede inducir falta de gobernabilidad.

Por otra parte, la tecnocracia reduce las políticas a simplificaciones unilaterales de sus objetivos; las políticas son planteadas y conducidas por administradores, y centradas en disminuir el gasto fiscal y en aumentar los procedimientos burocráticos. Es habitual que las políticas tecnocráticas logren bajo apoyo político y legislativo, pierdan con rapidez su apoyo social y que su gobernabilidad se vea erosionada, incluso antes que las medidas tengan algún efecto.

La sociedad chilena ha avanzado hacia políticas públicas que integran los aspectos políticos y los técnicos. Tanto las posiciones exclusivamente ideológicas como las posiciones minimalistas han perdido terreno. Los jóvenes ya no tienen que elegir entre dos alternativas estériles; la educación y su propia reflexión les enseñan que la pasión y la sabiduría pueden unirse para mejorar a Chile.

¿Qué se puede proyectar en este terreno? Las políticas públicas de Chile ¿integraran más y mejor los conocimientos y la capacidad de acción de la política y la técnica? Ello requeriría avanzar en la participación ciudadana y en la aplicación regional y local de las políticas ¿O las políticas serán más demagógicas o más tecnocráticas? Hoy existen tendencias que pueden llevar al sistema político hacia cualquiera de estas orientaciones, si bien es previsible que predomine un enfoque que une los conocimientos de la política y de la técnica.

En todo caso, conviene refirmar que la ciudadanía gana si quedan atrás, tanto la demagogia que acoge las subjetividades sociales, pero las escinde de sus condiciones materiales de realización, como la tecnocracia, preocupada exclusivamente de la operación de los sistemas funcionales de las políticas. A nadie le ha ido bien de manera estable con esos enfoques.

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